EL CINE Y LA COMUNICACIÓN POLÍTICA: EL CASO “TORRENTE PRESIDENTE”

por Manuel López, profesor jubilado de la UAB y periodista

“Torrente presidente” es una película española, dirigida y protagonizada por Santiago Segura, cuyo objetivo principal es demonizar la política -toda la política- a través de situaciones y personajes deleznables. Estamos ante un proceso de comunicación política que se basa en atacar todo el sistema democrático a través de unos actores populares, tanto de izquierda como de derecha.

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Estamos ante un cine de gran éxito popular que en sólo un mes ha alcanzado la increíble cifra de tres millones de espectadores. La serie de películas protagonizadas por un ex policía subnormal ha convencido a esa ingente cantidad de público a consumir un nuevo capítulo de la saga Torrente, convencidos de que iban a ver una obra maestra.

Este artículo no es una crítica cinematográfica, pero es obligado indicar que la película es mala de solemnidad: la trama es infantil, el desarrollo no tiene lógica, las situaciones son absurdas y técnicamente está mal resuelta, y que me perdonen los amigos críticos. ¿El público se identifica con actores, guion y situaciones? Pues algo va mal en Dinamarca…

Dicho esto, volvemos a nuestra idea principal, la de hablar de comunicación política.  El tipo de comunicación afecta a las masas en una sociedad democrática de forma diferente. Hay un público para cada opción ideológica, una masa amorfa que vota sin demasiado entusiasmo y sin haber estudiado a fondo los programas (y los hechos), pero que se merece el respeto porque, a fin de cuentas, cada uno vota lo que vota, que para eso estamos en democracia.

Richard Nixon, que fuera presidente de los EEUU y que abandonó el cargo por un escándalo, dijo en cierto momento que él se dirigía a la masa silenciosa, esa de la que hemos hablado antes. Obama dijo aquello de “sí podemos” y el reverendo Martin Luther King tuvo un sueño. Frases hechas y medidas para llegar a la gente, a la tuya y a la del rival. Una sola frase puede convencer a millones de personas. Una película puede conducir a miles de espectadores a adoptar opiniones perversas.

Teniendo derecho a votar lo que considere oportuno, el pueblo lo hace a través de las relaciones personales (amigos, familia, compañeros del trabajo); de los medios de comunicación y de la propaganda electoral.

Naturalmente hay una serie de factores que potencian más la toma de decisiones. En lo que se refiere a los medios hay una clara discusión entre los estudiosos de la comunicación sobre si tienen más importancia para la toma de decisiones de las gentes la TV, la prensa en papel o los medios digitales.

Según parece, los digitales están teniendo cada día más importancia en esa toma de decisiones, y no necesariamente a través de los digitales informativos (webs de medios convencionales como El País, La Vanguardia, El Mundo, etc.) sino a través de páginas no especialmente informativas pero que sí tienen la capacidad de influir en ese procedimiento de decidir a quién votar.

Las plataformas digitales como Facebook, Instagram, X e incluso Linkedin se están convirtiendo en vectores ideológicos porque tienen un ingrediente que los medios convencionales no tienen: la libertad de inserción de textos o medios audiovisuales sin control alguno de ninguna empresa, o sí, por parte del público participante.

Es lógico pensar que tras Facebook y el resto de las plataformas hay intereses, escondidos, o no, y que a través del famoso algoritmo pueden silenciar o auspiciar determinadas inserciones, determinadas tendencias ideológicas.

Uno puede configurar un algoritmo que propicie la aparición de soflamas orientadas hacia determinadas ideas a través de la selección y manipulación de las aportaciones de la gente. Cualquier hijo de vecino puede levantarse, tomar el teléfono y echar un discurso matutino apenas pensado, apenas preparado, pero que puede tener impacto entre la gente.

Otra persona puede estar horas y horas hilvanando un guion para aparecer en las redes con cierta ética, pero el famoso y dichoso algoritmo lo puede silenciar. Y si no es el algoritmo, puede ser alguno de los miles de empleados que revisan todas y cada una de las aportaciones del público.

En “Torrente Presidente” parece que el algoritmo de Santiago Segura ha funcionado a la máxima velocidad y voracidad. Es una película hipermasculina, puesto que aparece, de vez en cuando, una mujer y lo hace brevemente. También aparece otra que ejerce de comunnity-manager a la que se presenta como una minusválida mental.

El machismo está en todas y cada una de las escenas. ¿El machismo es de derechas o de izquierdas? Buena pregunta. En todo el espectro político se puede detectar actuaciones machistas, pero vamos a suponer que la gente que ha estudiado y leído -mayormente de izquierdas, se supone- no cae en esas actitudes. Se me puede objetar, claro.

Lo cierto es que la película recoge esa sensación de millones de personas de que la política no sirve para nada, o sí, para enriquecerse. Todos y cada uno de los políticos del filme son una panda de personas sin escrúpulos, claramente sinvergüenzas, tanto da que sean de un partido de extrema derecha -como el Nox de la película- como de cualquier otra formación.

En definitiva, la obra servirá para aquellas formaciones populistas que abundan en la idea de que la política no sirve para nada y que “el pueblo salva al pueblo”, tras la Dana de Valencia y que promocionaron las brigadas fascistas. Si eso fuera cierto, ¿para qué queremos el Estado?

Manuel López

Profesor jubilado de la UAB y periodista

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Author: universcat

soy periodista y profesor de universidad. tengo seis libros publicados. me interesa la comunicación periodística y la literatura.

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