PERIODISMO, ENTRE EL REARME Y EL DESARME

Nervio bella pecunia infinita

“El negocio de la guerra es una inagotable cantidad de dinero”. (Cicerón, Filipicas, 5,2,3)

Manuel López, profesor de universidad, periodista

En estos últimos meses los medios de comunicación occidentales dedican un gran espacio y tiempo a hablar del rearme ante el peligro que significa Rusia. Se aduce que EEUU y la UE han de prepararse ante la agresividad rusa en Ucrania. Y el debate, ahora, es qué tanto por ciento del Producto Interior Bruto (PIB) se ha de dedicar para preparar a nuestros ejércitos. Pero no todos están de acuerdo con esto. Muchos creen que no debe haber rearme, porque rebajará la factura de las ayudas sociales.

El dilema está servido: ¿Rearme o desarme?

Muchos medios de comunicación han dejado de contemplar lo que dice la Declaración Universal de los Derechos Humanos:

Artículo 28

Toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente efectivos.

Los códigos éticos de los medios de comunicación siempre se dicen respetuosos con estos principios universales, pero en el momento de establecer su agenda, la cosa cambia.

En estos momentos Europa está discutiendo sobre la exigencia de EEUU de que todos sus componentes han de dedicar el 5% de su PIB al rearme.

¿Cuál es la respuesta de la prensa, radio, tv y buena parte de los medios digitales?: centrar su temática en torno a porcentajes. No en torno a si es necesario incrementar el presupuesto destinado a sus ejércitos, es decir, si es tan necesario el rearme.

Tampoco entran a debatir si las cantidades asignadas están bien empleadas y, especialmente, a quien le conviene que se incremente ese PIB.

En buena lógica, son las industrias militares las principales interesadas en que ese debate acabe con buenas noticias a su favor.

Pero no sólo son las industrias militares, sino las que pueden servir componentes de uso civil para fines bélicos: alimentación, textil, automoción, sanidad, formación…

El periodismo contribuye al rearme, así de sencillo, porque enfoca su temario a discutir cantidades asignadas a la milicia. Y muchas veces lo hace inconscientemente. No conozco a ningún periodista que esté a favor de la guerra… pero lo que escriben y cómo lo escriben redunda en favor del rearme.

Estamos entrando en la era de la propaganda y la manipulación periodística, porque los periodistas se están dejando llevar por el discurso imperante en el mundo occidental: Hay que parar a Rusia. Y nadie duda de que Rusia no es una democracia.

Y ello sin explicar a los lectores y  a las lectoras que las guerras convencionales son, en estos momentos, poco decisivas para resolver conflictos. Es necesario señalar que Rusia, China, EEUU, Pakistán, India, Francia y quizás Israel tienen arsenales nucleares.

Cuando algunos de esos países entren en guerra, si el conflicto les es adverso y sus fronteras violentadas, probablemente empleen el arsenal atómico para defenderse.

Es decir, es inútil adquirir tanques, cohetes, fusiles… porque lo que dilucidará el conflicto serán las bombas atómicas.

Pero, esto, no lo vemos explicado en los medios españoles, sólo se habla de rearme. Nada más existe.

Esa especie de cloroformo informativo se basa en presentar informaciones sesgadas o parciales. A los periodistas se les niega el acceso a fuentes oficiales bajo la premisa de que muchos temas están sujetos al secretismo oficial.

Tampoco pueden acudir a fuentes no oficiales, como los habitantes de los países supuestamente enemigos. Lo vemos en Gaza, donde Israel ha prohibido la actuación de los medios.

La agenda de los medios que están, consciente o inconscientemente, a favor del rearme se va sincronizando. Puede hablarse ya de “frentes mediáticos”, donde los titulares coinciden en defender el rearme. Se establece una estrecha colaboración entre gobiernos y medios en favor del rearme. Y la gran industria propicia ese matrimonio. Es decir, no hay análisis crítico. Como es lógico, siempre encontraremos articulistas pacifistas, críticos con las agendas de sus medios, pero no dejan de ser la gota en el vaso de agua.

Se emplea el sensacionalismo: se ofrecen estadísticas sobre los potenciales enemigos señalando que han incrementado su armamento en tal o cual porcentaje, olvidando el contexto adecuado.

En fin, los medios, quiéranlo o no, justifican el incremento de las partidas militares. Ya sabemos que detrás de algunos medios hay intereses económicos o políticos, pero no todos están afectados por esas influencias. Y, sin embargo, siguen la lógica-ilógica de los medios que sí están en manos de empresarios belicistas.

Se promueve la beligerancia cuando se incrementan los reportajes sobre destacadas unidades militares que están desarrollando ejercicios en el Ártico o en el Sahel. Se quiere demostrar que el dinero dedicado al ejército está bien empleado. Se habla de la concentración de industrias militares como si fuera un adelanto necesario para la sociedad y para la humanidad.

Se habla de fusiones, de OPAS, de compras de empresas y de sus planes inmediatos para fortalecer la industria militar. Y todo ello festejado por los medios que no dudan en aceptar la invitación de sus ejércitos para asistir a las maniobras militares. Y los periodistas se muestran felices cuando se les deja subir a un tanque. Tenemos ejemplos más que evidentes que afectan a los principales medios españoles.

Para justificar el rearme, los medios tienden a demonizar al supuesto enemigo: se señalan, quizás exagerando, ofensivas en las que hay víctimas con mujeres y niños. Esta demonización conlleva a promover la beligerancia de la población.

La desinformación se convierte en un arma de guerra que pocos periodistas pueden combatir en y por sus propios medios.

En la primera guerra del Golfo, contra Irak, en 1991, se publicó un libro, Las mentiras de una guerra ,localizable en Amazón, (Deriva Editorial), que yo coordiné para el editor Àlex Masllorens, un gran pacifista que después fue concejal en el ayuntamiento de Barcelona.

Ese libro tenía la colaboración de diversos autores con nombre y apellidos y de otros autores que firmaron con seudónimo.

Desde el primer momento decidimos que explicaríamos lo que sucedía en las redacciones cuando estalló la guerra. Periodistas de La Vanguardia, El País, El Periódico de Catalunya y Avui, entre otros, denunciaron anonimamente las manipulaciones de y en sus medios, explicando el día a día de la confección de la agenda temática. Y lo hicieron, repetimos, de forma anónima.

En uno de los artículos yo mismo señalé que El Periódico de Catalunya tituló una noticia de esta manera: “Aviones de España ayudan a que las bombas lleguen a Irak (El Periódico, 2 de febrero de 1991). En ese libro que comentamos se señala que el título correcto debía ser “España colabora con los bombardeos de EEUU en Irak”.

Años más tarde uno de los directivos de ese diario mostró su pesar y arrepentimiento por la política informativa del medio en esa guerra. “Nos hemos pasado”, me comentó personalmente uno de los redactores jefe.

HABLEMOS AHORA DEL DESARME

Frente al periodismo de guerra los medios deberían convertirse en defensores del periodismo de paz, más que nada porque la humanidad tiene los días contados si estalla una guerra de grandes dimensiones.

Hablar de periodismo de paz significa entrar a fondo en el debate de si debemos gastar más dinero en el rearme. Incluso diría más, debe debatirse sobre si es necesario invertir un solo euro en una futura guerra, o en mantener nuestros ejércitos activos.

“Si hay rearme, habrá guerra”. Esta frase es mía pero bien la podrían firmar Bertrand Rusell, Jean Paul Sartre o Gandhi, y pido excusas por mi atrevimiento. Pero lo cierto es que al discurso de la guerra debe oponerse el discurso de la paz.

Es una tarea noble trabajar por la paz porque cuando hay guerra no se respetan las leyes (“Silent leges inter arma”, Cicerón, Pro Milone, 4,10). El objetivo de los medios debería ser minar la lógica del conflicto y promover la marcha atrás, la negociación y la amistad entre los pueblos.

No dejaremos de aceptar que ante la agresión de un país contra otro cabe la defensa, pero no la promoción de campañas bélicas pre-conflictos que crean las condiciones para un futuro enfrentamiento.

El periodismo de paz consiste en contrarrestar la narrativa bélica. Es necesario investigar e informar a los lectores y consumidores de los otros medios sobre las causas estructurales de la violencia, dar voz a las víctimas y buscar escenarios para el diálogo y detectar posibles soluciones.

El precio de un tanque Leopard 2A8, por ejemplo: puede alcanzar los 28 millones de euros. Con esa cantidad se podrían hacer 10 escuelas en primaria en España, según el programa de IA Géminis. Claro, dependería del tipo de escuela, del número de alumnos, de las instalaciones, pero nunca superaría los 10 millones de euros.

Y un centro de atención primaria, en España, cuesta entre 2 y 10 millones de euros, es decir: si dejamos de comprar un tanque, podemos equipar con más entidades educativas o sanitarias al pueblo.

Los medios pueden convertirse en protagonistas si promueven encuentros nacionales e internacionales donde se debatan posibles soluciones a los conflictos. Pueden aportar soluciones para la reconciliación, no para la beligerancia.

Un buen comienzo sería organizar en Madrid, Barcelona o Zaragoza un encuentro internacional de periodistas con profesionales de Rusia y Europa. Se trataría de promover la confianza mutua para hablar de entendimiento y negociación.

Los medios no pueden, ni deben, humanizar los conflictos. En la primera guerra del Golfo, en el citado libro sobre Las mentiras de la guerra (localizable en Amazón), se publicaron fotos de soldados americanos tocando la armónica, enseñando fotos de sus familias o asistiendo a oficios religiosos. Es decir, se intentaba crear unos vínculos de familiaridad con los agresores.

Pero eso es propaganda.

Promover el periodismo de paz es analizar las causas del conflicto, las superficiales y las profundas. Sus dinámicas. Todo ello para explorar y proponer salidas no violentas.

Más que hablar de bajas y víctimas, se debe tratar el contexto, las relaciones humanas y lo que puede pasar a largo plazo: un final impredecible, quizás nuclear.

El periodismo de paz nos es útil para contrarrestar la narrativa belicista porque da voz a los defensores del desarme.

Existe, pues, una enorme responsabilidad por parte de los medios de comunicación, porque estos medios no son neutrales, no pueden serlo ante la guerra y la paz. O se está con el rearme, o por el desarme.

Manuel López, profesor de universidad, periodista

Los poetas, contra la indiferencia

POR MANUEL LOPEZ, PROFESOR DE UNIVERSIDAD Y PERIODISTA

Vox clamantis in deserto[1]

La poesía es el motor de la humanidad. Sin poesía no habría amor, ni esperanza. Ni sueños. Quien escribe poesía son los poetas, pero también los músicos, los periodistas… ¿los periodistas?. Si, porque desvelan cómo es el mundo, sus historias, sus dramas, sus alegrías…

Pero la poesía está pasando por momentos difíciles. Muchos poetas se ven obligados casi a mendigar para que se les haga un hueco en la sociedad.

Estudiemos a los poetas. Tomemos un ejemplo de poeta y músico, Lalo López. Tiene un disco de oro. Creó la Fundación Tony Manero, que ha estado deleitando al público durante 25 años. Pero ahora, disuelta la banda, toca reinventarse.

La poesía musicalizada es esa canción que escuchamos en casa o en el coche. O nos la ofrecen con un conjunto de baile en la televisión. O en los spots de internet.

Todo músico compositor es un poeta. Primero escriben la letra, y a la letra la acompaña con la música, casi nunca al revés. Luego viene la difusión. . Necesitará de los medios para dar a conocer su creación. Si tiene suerte, triunfará enseguida, de lo contrario pasará al mundo de los que esperan la llamada del éxito.

Los periodistas y los músicos comparten angustias y penas. Escriben, difunden, intentan llegar al público, pero son mal pagados. El nivel de desempleo o de empleo precario es alto. Las estadísticas no mienten, pero, ¿para qué recordarlas aquí?

Lalo López escribe, compone. Pero todavía hace más cosas. Vende por internet y cuando alguien le compra un disco, generalmente un vinilo, el mismo lo envuelve y factura.

En una reciente entrevista en la primorosa revista Enlace Funk  [2]explica. Se desnuda para demostrar que los poetas no están muertos a pesar de que la primera etapa de sus vidas ha acabado, o casi. La entrevista celebra que Lalo publique otro disco (¿y van?… Todo por hacer, en Gutifunk & Achilisound Discos, 2025[3].

Los poetas, los periodistas, renacen de sus cenizas. Cuando se cierra una puerta, se abre otra, según el tópico refrán. Pero el mundo rueda y ellos lo hacen rodar.

Hay letras conmovedoras, auténticos poemas cantados y emitidos, y lanzados al aire, con destino al público, consumidor o no.

Esas letras son lanzadas un día y a las 24 horas el poeta ya está componiendo otras. Un poeta, un periodista, no dejan de trabajar. No hay espacio ni tiempo para detenerse.

La poesía, sí, es un arma cargada de futuro. Pero la poesía es, además, la esperanza en un mundo, el actual, que nos pone el corazón en un puño.

Pero como nos dice Lalo en la entrevista de Enlace Funk, aún queda mucho que bailar.

Manuel LópezProfesor de universidad, per


[1] Soy la voz que clama en el desierto (Isaías, 40,3)

[2] https://enlacefunk.com/shop/560-n%C3%BAmero-80.htmllo

[3] https://lalolopez.bandcamp.com/album/todo-por-hacer

¿Los escritores son periodistas?: No

Por Manuel López, profesor y periodista.

Recientemente nos ha dejado una persona en cuya nota de despedida se podía leer que había sido escritor y periodista.

¿Se puede ser ambas cosas?

Difícilmente. O se es una o se es la otra. Claro que pueden haber excepciones, como Miguel Delibes, que durante el día dirigía un periódico y por las noches escribía unas novelas magníficas. Pero en su periódico nunca se dejó ver como escritor. Creemos que sabía diferenciar una profesión, o una vocación, de la otra.

Periodista es aquella persona preparada en una universidad para ejercer una profesión que le obliga a tener un alto nivel cultural, un dominio de la lengua perfecto -cosa difícil- y manejar los programas de ordenador necesarios para desarrollar su función.

Pero hay más: un periodista debe tener vocación.

En mi universidad -la Universitat Autònoma de Barcelona- cada curso ingresan unos doscientos alumnos. Las notas de corte son muy altas. Es decir, optar por esta carrera significa haber obtenido altas notas en el bachillerato y superar unas pruebas de selectividad, realmente complicadas.

Pero muchos de nuestros alumnos no tienen vocación. En una encuesta reciente, hecha en la propia aula, una parte significativa de los alumnos decían que lo que querían es ser “youtubers” o “streamer”, es decir, hacerse con un nombre a través de las redes sociales para hacerse ricos y famosos. Su objetivo era ser como “el Rubis”, una persona que reside oficialmente en Andorra para no tener que pagar impuestos en España. Tiene miles de seguidores y presume de su libertad de acción burlando las leyes tributarias de su país de origen.

Pues bien, el hecho de que haya alumnos de la universidad que únicamente se planteen ser “youtubers” nos preocupa, hasta el punto de que un pequeño grupo de profesores nos estamos planteando que para entrar en nuestra alta institución sería necesario pasar por una prueba de idoneidad.

Es decir, una vez superada la selectividad, el centro que han elegido sometería al alumno a una serie de preguntas relacionadas con el periodismo, o con comunicación audiovisual. Eso se hacía años atrás para entrar en la Escuela Oficial de Periodismo de Barcelona.

La nota haría media con la de la selectividad. De esta manera, en la universidad entraría gente con verdadera vocación periodística.

El resultado sería descorazonador para muchos alumnos que hoy están entre nosotros, porque no habrían podido acceder a la carrera.

Esto significa que alguien que tuviera en la prueba de idoneidad un 9 pero en selectividad un 7, superaría a alguien que en selectividad hubiera tenido un 9 pero en la prueba de idoneidad un 6.

Estaríamos ante una nueva generación de estudiantes de periodismo con auténtica vocación para ser periodistas.

Pero… ¿serían escritores?

No. Serían periodistas.

Para ser periodista es necesario pasar por la universidad, con su colección de asignaturas técnicas, literarias, disponer de habilidades investigadoras… pero para un escritor no es necesario pasar por todo ello.

tPara ser escritor se necesita un alto nivel cultural, un buen dominio de la lengua y ser observador y analítico. Y si tiene imaginación, mucho mejor.

La diferencia entre escritor y periodista es que uno trabaja con el tiempo a favor y el otro no.

El periodista debe someterse a un proceso continuo de construcción de mensajes del momento, o del día, según sea el medio para el que trabaja. Las prisas dominan todo su proceso productivo, mientras que el escritor no tiene esa premura de tiempo.

El periodista sabe a qué género acudir para explicar un hecho. No es lo mismo un reportaje que una crónica. Una entrevista o una noticia.

El escritor no entiende de eso. Vive de lo que lee, escucha o ve en los medios. Medita sobre los hechos ya acontecidos y se pone a escribir.

El periodista sabe que tiene que atenerse a intentar decir y explicar la “verdad”. Lógicamente la verdad no la sabe nadie del todo, pero el periodista tiene que acercarse a ella, y se equivoca, al día siguiente debe corregir su mensaje. Solamente el periodista de investigación está autorizado a meter más literatura opinativa en sus textos. Pero sin fabular.

El escritor tiene la libertad para distorsionar la “verdad”, es decir, puede fabular sobre ella, sobre la noticia, la crónica o el reportaje.

Un periodista que distorsione la verdad no es de fiar.

Un periodista trabaja con hechos concretos, el escritor puede buscar la complejidad de las personas y sus emociones.

El periodista puede explicar un drama con decenas de personas llorando ante un drama bélico o un accidente, pero no puede fabular sobre ello. El escritor, si.

Otro elemento que diferencia a los escritores de los periodistas es que, como los primeros expresan su opinión, están más sometidos a la crítica pública que los periodistas.

Ambas profesiones comparten una realidad: tienen que someterse a la línea editorial para el medio en que trabaje. No es lo mismo escribir noticias o artículos de opinión para un medio de derechas que para uno de centro. No hablo de medios de izquierda porque en España no los hay, al menos en el sector del papel.

Los periodistas se ven sometidos a una estructura jerárquica que los puede influir: tienen jefes, redactores jefes, subdirectores y editores. Y por encima de todo, la empresa.

Los escritores no tienen por encima más que un nivel jerárquico: el del jefe, o jefa, de opinión.

En resumen, ser escritor no significa ser periodista, aunque se publique su trabajo en un medio. Y un periodista no puede considerarse un literato porque su trabajo le conduce a una serie de técnicas muy estrictas, aunque no lo parezca.

Manuel López, profesor y periodista

¿SON RACISTAS LOS PERIODISTAS?

Por Manuel López, profesor jubilado de la UAB y periodista.

Yo, como periodista, he visto cosas que nadie podría imaginar. Pero eso les ha pasado a todos los colegas. Trabajando en El Periódico de Catalunya, en la sección de Sociedad, un buen día -a principios de 1984- recibimos una “denuncia” de una vecina del Barrio Chino (ahora Barri del Raval), en Barcelona, quejándose del ruido que hacían los clientes de un bar donde se reunían subsaharianos, que la vecina tildaba de “negros”.

Me desplacé, como era mi obligación, y hablé con vecinos y con el propietario del local, otro “negro”. Estuvo amable y educado, reconoció que sus clientes solían salir a la calle a acabar sus bebidas y que siempre les llamaba la atención para que no armaran jaleo y molestaran a los vecinos. No tomaban alcohol por ser o musulmanes.

Pero también me dijo que a veces los vecinos respondían de forma violenta. “Ven aquí, John”. Y se acercó uno de los clientes. “Enséñale la cabeza a este periodista”. Y pude ver una gran herida, una especie de grieta recubierta de gasas y esparadrapos ensangrentados. “esto se lo hicieron anteayer, cuando le lanzaron una Xibeca desde uno de los pisos”.

Una Xibeca es una cerveza en un envase de un litro. Es decir, de un kilo de peso.

Regresé de inmediato a El Periódico y hablé con el redactor jefe de mi descubrimiento. Ya me veía en portada con el título “un vecino le abre la cabeza a un subsahariano con una Xibeca”. Mi gozo fue a parar a un pozo, porque el redactor jefe, mi amigo, me dijo una frase histórica: “LOS NEGROS NO COMPRAN PERIÓDICOS”.

Eso, ahora, no habría ocurrido. Para eso está el comité profesional y el sindicato, para defender los derechos de los periodistas.

 Pero, surge una pregunta: ¿y si no actúan los comités y los sindicatos?

Nos situamos en un marco especialmente delicado. Los medios suelen defender los derechos humanos, es decir, están a favor de defender la libertad de expresión y otras libertades. Pero ¿siempre defienden esos DD.HH.?

¿Hay racismo en los medios?, ¿entre los profesionales?

Vayamos por partes. Las redacciones, en los países occidentales, están formadas por gente blanca, educada en las iglesias  cristianas -más o menos- y que tienen un nivel de vida de tipo medio o incluso superior.

En las redacciones, los jefes y directivos suelen ser personas algo mayores, con educación también cristiana -más o menos- y niveles de vida superiores. Han vivido muchos episodios a lo largo de sus vidas y últimamente, desde hace unos veinte años, se han visto sorprendidos por el asalto masivo de migrantes del tercer mundo al suyo, tanto en Europa como en Estados Unidos.

No está demostrado que estos directivos y jefes hayan superado el eurocentrismo clásico del siglo XX. Es decir, no está claro que hayan experimentado una reflexión sobre el proceso actual de grandes migraciones del tercer mundo al primero. No está claro que siempre hayan sido anticolonialistas.

El periodismo, día a día, tiene en su agenda de temas el racismo, para bien o para mal. Hay periódicos de derechas temerosos del asalto de los subsaharianos, africanos en general, árabes e incluso asiáticos -como los procedentes del Pakistán-, y lo expresan editorializando sobre el peligro de esas masas para la cultura occidental.

Los periódicos de izquierdas y de centro son más cautos. Defienden el derecho de los migrantes a tener una vida mejor, pero no encuentran el camino para acertar con el auténtico problema: la pobreza.

Hay medios que incluso elaboran una teoría para combatir esa pobreza: que el mundo occidental cree en el tercer mundo facultades universitarias y escuelas de formación profesional y que sus egresados vengan a trabajar a Europa y EEUU. Eso conlleva un empobrecimiento absoluto del tercer mundo: si sus profesionales y técnicos viene a nuestros países, ¿Quién se cuidará del desarrollo de sus países de origen?

Prosigamos con el estudio sobre periodismo y racismo para indicar que los medios no solo informan, sino que moldean la opinión pública. De lo que escriban y propaguen, la sociedad se hará una imagen sobre los prejuicios raciales.

Ese moldeo de la opinión pública viene de la mano de que, en numerosas ocasiones, el periodismo ha sido cómplice de prácticas racistas, representando a personas racializadas con estereotipos negativos, asociándolos a criminalidad, pobreza o violencia.

Hablamos de afrodescendientes, indígenas o migrantes.

Ha habido, y sigue habiéndolo, un lenguaje discriminatorio. Se habla de “pandillas latinas”, “terrorismo islámico”, pero no de “pandillas de europeos” o de “terrorismo cristiano”, que también lo hay. La prueba está en Estados Unidos con todas las milicias que están contra el estado y atentan cuando se les antoja. O de las bandas nazis que salen a la caza de migrantes en nuestras calles.

Hemos hablado de que las redacciones están formadas por personas blancas, esto quiere decir que en esos equipos de trabajo apenas encontramos a personas de otras etnias. Estamos ante una cobertura poco representativa de las experiencias de las minorías.

Es decir, falta diversidad en las redacciones. Hasta hace poco se hablaba de redacciones “machistas”, afortunadamente hay cada vez más mujeres en esos equipos de periodistas, aunque no sean, por el momento, el 50 por ciento de los cuadros directivos.

Las mujeres y los migrantes en las redacciones tienen menos oportunidades de ascenso. Los migrantes -ya sabemos que son una minoría- tienen menos oportunidades de ascenso. Son más estigmatizados y discriminados dentro de las redacciones.

Hay un caso típico. En la muy moderna y democrática televisión catalana, TV3, tienen en plantilla a Beatrice Duodu Owusu, nacida, en Ghana en 1996.  Se trata de una licenciada en periodismo por la UAB -egresada con honores- que presenta un informativo en la cadena. Sí, pero en la segunda cadena, en el 3/24. Un informativo “escondido”. Tiene una dicción perfecta. Tiene autocontrol y aplomo. Pero no se la ha visto aún en la primera cadena, donde hay presentadoras no tan buenas. Seguramente sería un choque para las muy bienpensantes clases burguesas catalanas ven a una “negra” presentar un “telenotícies”-

Sigamos hablando de periodismo y racismo: se silencian historias que incomodan a ciertos grupos de poder. Sí, existe lo que se llama un racismo institucional. Pero hay fórmulas para combatirlo.

EL PERIODISMO ANTIRACISTA

El periodismo sabe reaccionar contra sus propios pecados: los periodistas jóvenes han sido formados en unos ambientes universitarios mucho más tolerantes que los directivos que dirigen los medios ahora.

Existen muchos más medios de las minorías raciales que antes. Sus redactores escriben desde el punto de vista de sus intereses y no de los de las empresas con personal “blanco”.

Se usa, ya, un lenguaje más preciso y respetuoso.

Parece que el mundo reconduce sus múltiples vías de expresión cuando algo les sacude sus creencias: el Black Lives Matter, en EEUU, tras la muerte de Georges Floyd, expuso la violencia policial y también el papel de los medios al narrar esas historias.

Es cierto que las migraciones las producen las guerras y la pobreza, pero los medios han de tener en cuenta esa realidad para ni tildar a los migrantes de “saltavallas” o de “delincuentes”-

El periodismo y el racismo no deben ir de la mano. Es necesario no seguir con pautas de trabajo que criminalizan a la gente procedente de otros países, se deben cambiar las estructuras redaccionales, las decisiones editoriales y las representaciones.

Reiteramos la necesidad de diversificar las voces y comprometerse a una ética que respete la dignidad de los habitantes de este maravilloso planeta.

Contraviniendo a mi jefe y amigo, los negros sí que pueden comprar periódicos. Démosles tiempo. O al menos eso dice el chat GPT.

Manuel López, profesor de la UAB y periodista.

Novela de Manuel López EL ¡CROC!

EL ¡CROC!, PRÒXIMA NOVELA: LA REVUELTA DE BARCELONA HACIA LA 3A REPÚBLICA .

Está a punto de editarse la novela EL “CROC”, de Manuel López. Se trata de una obra que empieza en la Barcelona de 1976, con las grandes manifestaciones tras la muerte de Franco pocas semanas antes.

Se produce un altercado en el que una manifestante resulta muerta. La gente se subleva, desarma a la policía y empieza una revuelta que se extenderá a toda España.

¿Qué pasa en las redacciones?

Por Manuel López, profesor jubilado de la UAB y periodista

(versión en castellano)

Varias noticias referidas al quehacer de las redacciones periodísticas están siendo motivo de estudio y discusión porque pone en jaque la esencia del periodismo: entregar a los lectores y lectoras unos productos informativos hechos con calidad, generados sin intereses espurios, fruto de la independencia del medio y de los trabajadores y con garantía de respeto a la ética profesional. es decir, está en cuestión la integridad del periodista.

Estudiemos lo que propone el código de la UNESCO al respecto.

El Código internacional de ética periodística (UNESCO) [1] dice sobre la integridad profesional del periodista:

“El papel social del periodista exige el que la profesión mantenga un alto nivel de integridad. Esto incluye el derecho del periodista a abstenerse de trabajar en contra de sus convicciones o de revelar sus fuentes de información, y también el derecho de participar en la toma de decisiones en los medios de comunicación en que esté empleado.”

Pues bien, no parece que muchas empresas periodísticas hagan demasiado caso a la recomendación de ese código, creado en 1983 por las principales organizaciones de periodistas del mundo

El último caso afecta a la cadena catalana de radio televisión, TV3 , la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals (CCMA). La dirección de TV3 ha comunicado el nombre de los nuevos conductores (presentadores) de los nuevos telenoticias. Según un destacado miembro del comité profesional, “los nombres no han cogido por sorpresa a la redacción, porque hacia meses que circulaban”. Y hay una queja. Y la queja viene por el hecho de que la gestión del proceso ha sido muy mala y ha perjudicado a diferentes profesionales con aspiraciones al cargo de conductor. Esto no quiere decir que los asignados sean malos profesionales, no es este el tema. El problema es que la decisión se ha tomado de arriba abajo, sin consultar a la redacción, a los trabajadores. Ha habido descontento,  por la opacidad y subjetividad en el proceso. Es decir, ha habido arbitrariedad. No ha habido proceso participativo. Se ha impedido la participación de los representantes de los trabajadores, de los editores jefe, de los conductores, de los jefes de servicio… esto genera escepticismo, desencanto y desconfianza hacia los procesos participativos en una radio televisión pública.

En las entidades públicas de medios audiovisuales hemos observado que este tipo de problemas está creciendo últimamente. Sin ir más lejos estamos observando la intensa crisis de la empresa pública valenciana, donde el ordeno y mando se ejerce sin ningún pudor. También hay quejas en RTVE.

Y surge una pregunta: ¿tienen derecho los periodistas a ser consultados sobre quien han de ser sus jefes?

La lógica empresarial dice que no. Que la empresa tiene todo el derechos a determinar quien debe organizar la producción, es decir, se reserva la potestad de designar quien ha de ostentar los cargos directivos y cuadros medios.

Pero esta lógica empresarial tiene sus detractores, incluso entre los propios empresarios.

Si has de crear un equipo, ¿no es mejor que el coordinador o jefe sea aceptado por los empleados?, ¿no es mejor tener al equipo contento y satisfecho al ver que su opinión ha sido tenida en cuenta?

¿Qué se puede esperar de un jefe que no goce de la confianza del equipo?

Hay un caso histórico sobre el que ya se escribió hace tiempo. Sucedió hace años en EL PERIÓDICO DE CATALUNYA. En ese medio existía, y existe, un estatuto de la redacción que dice que la dirección ha de consultar a los periodistas cuando haya de designar director personal. La decisión no es imperativa, es decir, el director escuchará a la redacción pero no estará obligado a aceptarla.

Sin duda, el director es quien manda en un medio, y tiene el derecho a designar a quien considere oportuno. Pero precisamente el estatuto de la redacción le permite saber qué opinan los periodistas sobre su decisión. Siempre es mejor crear consenso que disenso.

Pues bien, el director propuso a la redacción que se votara un nombre, AM, para una subdirección. La redacción se reunió en asamblea y decidió mostrar su rechazo. A pesar de ello, M tomó posesión del cargo. Aun sabiendo que no gozaba de la confianza de sus nuevos compañeros.

Estamos en un momento muy delicado para el periodismo, para la humanidad, puesto que Internet ha abierto las puertas a millares de supuestos informadores que, a través de blogs y webs, se hacen pasar periodistas por periodistas y están envenenando el panorama informativo.

Es por ello que ahora, más que nunca, es necesario que los medios intenten ser mejores que nunca. Que sus productos informativos sean de calidad, y eso se consigue organizando unas buenas redacciones donde la confianza entre la empresa y los periodistas sea total.

Manuel López, profesor jubilado de la UAB y periodista.


[1] https://www.comisiondequejas.com/otras-normas-eticas/codigos/codigo-internacional-de-etica-periodistica-unesco/

EL PAIS ENTRONA A LA HEREDERA DE INDITEX

EL PAIS saca en portada, hoy, domingo 11 de mayo, una gran fotografía de Marta Ortega, presidenta de Inditex. No es nada extraño que lo haba porque se cumplen 50 años de la creación de ese gigante del textil, con presencia en medio mundo. Lo que es extraño es las dimensiones de esa fotografía, que también aparece en la revista dominical.

No se recuerda una oferta tan grande de una imagen personal en la portada del diario de Prisa. La fotografía no tiene valor, en absoluto, en cuanto a su calidad artística, ni de oportunidad, de movimiento, ni de nada. Ni siquiera se la puede situar en algún lado porque el fondo es de un blanco neutro que asusta.

Se trata de una fotografía de estudio hecha por David Bailey, un fotógrafo internacional que ha trabajado para Vogue, nada menos.

Sin duda la imagen tiene calidad, esa calidad tan necesaria para que la foto pueda ser insertada en álbum familiar, o quizás en el libro conmemorativo de algún acontecimiento familiar.

La foto también podría ser utilizada en un cartel policial de “se busca”, porque está enmarcada en un filete muy amplio de color negro. Quizás para un recordatorio funerario iría bien.

Pero, después de criticar la fotografía viene el comentario para analizar el por què EL PAIS le ha dado tanta trascendencia. Ni siquiera la venida al mundo católico del nuevo papa ha tenido tanta repercusión fotográfica en ese diario que quiere ser el portavoz del centroizquierda español.

Hagamos conjeturas.

Inditex tiene un valor capital de 93.499.560,00 €, más o menos, según la cotización que se nos ofrezca cada día.

Pero el valor de la empresa es mucho más alto. Amancio Ortega, el pater de la empresa, tiene un capital cifrado en 120.200 millones de euros. No está nada mal para una empresa que empezó en un modesto comercio gallego, en la calle de Juan Flórez, de A Coruña.

Las conjeturas nos permite creer que tras esa operación de la portada de EL PAIS, y de su revista dominical, hay algo más. No es lógico que ese diario ofrezca tanto espacio visual a una empresa, por más que se trate de una de las principales de España.

La imagen de la chica es casi comparable a la del Rey Felipe II cuando fue entronado.

EL PAIS está jugando con sus lectores. A estas horas ya se habrá reunido el comité profesional del diario para quejarse de que esa operación se aparta de la línea editorial.

Y la Defensora del Lector estará recibiendo numerosas llamadas o emails expresando la sorpresa del público ante tamaña decisión.

Pero no se trata de una operación inocua. Es bien sabido que ese diario está teniendo dificultades financieras para salir adelante. El anterior presidente, Juan Luís Cebrián, dejó la caja vacía, no porque metiera mano en ella, sino por sus aventuras en España y en América, del norte y del sur.

Veremos si en los próximos días se informa de una inversión millonaria de los Ortega en EL PAIS… si fuera así, podríamos hablar de que estamos ante un hecho sin precedentes, un acontecimiento que será recogido en los libros de historia del periodismo en España.

Manuel López. Profesor jubilado de la UAB. Periodista.

Como se compra a un periodista

por Manuel López, profesor jubilado de la UAB y periodista.

Los y las profesionales de la información, del periodismo diario o no diario, suelen ser personas con un alto aprecio de la ética. No importa el sueldo y las condiciones que tengan, en general no se venden. Se suele decir de un buen profesional que nunca se ha vendido ni sometido a presiones.

En las universidades nunca decimos a los estudiantes que existe esa posibilidad, que en el futuro alguien les pueda seducir para traicionar la ética periodística. Se da por supuesto que el periodista ha de ser honesto y que su rumbo ha de estar basado en la ética y en el respeto a los derechos humanos. Faltaría más.

Pero no nos engañemos, hay vías para comprar periodistas. Alguna empresa, alguna institución, alguna persona o personaje se creen autorizados para comprar profesionales. No les importa la ética ni la profesionalidad. Sólo la defensa de sus intereses. Algunos intentan hacerlo con excusas y mentiras, otros lo hacen abiertamente, sin importarles que algún día se descubra su desfachatez.

Veamos cuáles pueden ser las vías para comprar a un periodista.

Inicialmente, a través de la publicidad. Los medios viven de la publicidad, de las subvenciones -oficiales o no- y de las ventas. La publicidad se presenta como una de las mejores vías para obligar, o insinuar, a los medios para que generen información que destaque a empresas o personajes. Y al revés, la influencia de la publicidad, y de las empresas que están detrás, se utiliza también para silenciar temas que les perjudiquen.

Una empresa que emite una campaña publicitaria para demostrar que está a favor de la ecología puede verse perjudicada si un periodista demuestra que detrás de la campaña sólo hay humo. O que cita a alguna ONG que denuncia el llamado “ecopostureo”. Naturalmente, la empresa retirará la publicidad o amenazará con hacerlo. Y eso significa dinero…

Si el medio en cuestión tiene dificultades económicas, es muy posible que acepte las presiones de los anunciantes. Esto puede significar, a veces, que el comité de redacción del medio protesta ante la dirección. Pero en España hay pocos medios con comités profesionales combativos.

Una segunda vía para comprar a periodistas oa sus medios, consiste en subvencionar directamente reportajes o hacerlo ellos mismos. Naturalmente, esos medios tienen la obligación de separar la información de la publicidad, pero hay fórmulas para maquetar un reportaje solicitado por una empresa como si fuera información propia del medio.

Se está recurriendo a fórmulas intermedias, como que se publican páginas enteras de supuesta información neutral, pero que arriba de la página dice “Especial para xxx”. En algunos medios se aceptan esos encargos a condición de que la tipología no sea la del periódico, pero no siempre se hace.

Es más, esas páginas por encargo suelen ofrecer una maquetación artística con fotos bien impresas.

La vía más indigna para comprar a un periodista es el soborno. Se trata de que una empresa pague directamente a un periodista para que informe positivamente para sus intereses o, lo que también es indignante, para que escriba negativamente contra sus rivales. Esta vía suele utilizarse más en política: determinada entidad facilita a un periodista un supuesto expediente contra alguien en el que se cuestiona su honor, su calidad o lo que sea.

Se ha visto recientemente en Catalunya con la operación realizada por algunos medios que recibieron falsos dossiers contra políticos independentistas. Al anterior alcalde Xavier Trias le endosaron una supuesta cuenta corriente en Suiza con varios millones de euros a su nombre. Era falso, pero a Trias le costó desmontar esa operación.

Otro camino para comprar a un periodista es engañarlo directamente. Se le ofrece una información supuestamente exclusiva con el fin de que la publique. De inmediato la opinión pública reaccionará cuando detecte de que se trata de un engaño. Y el medio saldrá perjudicado.

Existe una variante de esa vía: que se persuada al periodista para que publique algo que favorezca a la empresa sin que ese algo tenga valor alguno. Por ejemplo, que el medio publique una fotografía en la que se ve a algún empresario aceptando un premio del gremio que se sabe que no vale nada porque el jurado está compuesto por amigotes. Eso si, el empresario estará eternamente agradecido por salir en los medios.

A esto se le llama persuasión. Y esta persuasión puede tener premios menores, como recibir un lote navideño, por ejemplo. O una entrada a la final de la Champions Ligue. Con avión y hotel incluidos.

Hay periodistas que consideran que cobran poco y se buscan otro trabajo, especialmente en el sector de las relaciones públicas y la publicidad. Por la mañana están en el diario y por la tarde en la oficina de RR.PP.

Este tipo de trabajo está terminantemente prohibido por los códigos deontológicos que estipulan que no se puede trabajar en periodismo y, al mismo tiempo, hacer publicidad.

En mi penúltimo libro[1] se señalan a una serie de periodistas que han hecho publicidad. El caso más conocido es el de Matías Prats, implicado en la campaña publicitaria de ING Direct. Pero no estaba solo, le acompañaba la periodista Olga Viza, que ha recibido recientemente un premio a su labor profesional por parte del Col·legi de Periodistes de Catalunya.

Esta distinción generó una protesta por parte de diversos periodistas, entre ellos el anterior decano de la entidad, y de varios vocales. El hecho es que el código ético del Colegio prohíbe este tipo de componendas. Además, la revista de la entidad, Capçalera, no mencionó para nada esa queja, distanciándose de su obligación de informar de todo cuanto suceda en el mundo periodístico de Catalunya y de España.

Hay dos historias sobre periodistas tentados para venderse. Son para reírse o echarse a llorar.

La primera indica que determinado banco del norte de España invitó a varios informadores a un acto de presentación de la memoria de la entidad. Se les facilitó el transporte -desde Barcelona partió una avióneta exclusiva para ellos-. Una vez en el recinto donde se presentó el acto, se entregó a cada periodista un ejemplar de la memoria y dentro encontraron un sobre. El sobre contenía cierta cantidad de dinero. Algunos protestaron y se les dijo que era el pago para sus dietas. Hubo uno que devolvió el dinero. De inmediato le cambiaron el ejemplar de la memoria y dentro se encontró otro sobre. Para sorpresa suya, había el doble de dinero que en la entrega anterior. El profesional desarrolló el sobre indignado.

La segunda anécdota es algo más escabrosa. Se invitó a varios periodistas a asistir a un congreso internacional de medicina al que asistían notables científicos. El viaje tenía como destino una famosa isla del Pacífico. Tenía que durar entre 8 a 10 días y se podía viajar con la esposa de cada invitado. Hubo un periodista que le dijo a los organizadores que él no tenía mujer. La respuesta es digna de enmarcar: “no se preocupe, cuando entre en la habitación encontrará una”.

[1] La ética y los periodistas que hacen publicidad; Editorial Carena, Barcelona, ​​2020.

¿Sánchez se atreverá con las universidades privadas?

 

SÁNCHEZ, CONTRA LAS UNIVERSIDADES PRIVADAS: ¿QUIÉN GANARÁ?

por Manuel López, profesor jubilado de la UAB y periodista

Los países modernos intentan formar  a las futuras generaciones con unos altos niveles de calidad. ¿Cómo formar a las futuras élites?, ¿quien se tiene que encargar?: Las universidades.

El presidente Sánchez dice que, ahora mismo, en España, hay una serie de universidades que no cumplen los mínimos indicios de calidad. Y las ha calificado de “chiringuitos”. Contra esto, el gobierno de Madrid ha decidido impulsar una serie de medidas para garantizar que los centros privados tengan el nivel mínimo exigible para impartir la enseñanza superior universitaria.

Pero, ¿son tan poco de fiar las universidades privadas?

Bien es verdad que tienen algunas ventajas sobre las públicas. Por ejemplo, son más adaptables a los cambios tecnológicos. Sus programas de estudio se pueden renovar con más facilidad y… tienen el apoyo por parte de muchas empresas. También tienen más extenso el nivel de utilización de otras lenguas y podrían tener menos alumnos por clase, dependiendo, claro, de los centros y de las inversiones realizadas por las empresas que tienen detrás.

Porque detrás de los centros universitarios privados, donde no está el Estado, podemos encontrar desde iglesias, fundaciones culturales, hasta fondos de inversión. También empresas que hacen donaciones que, finalmente, pueden tener bonificaciones en la hora de presentar los saldos a hacienda, siempre que haya fundaciones empresariales detrás.

Las privadas también pueden disfrutar de una excelente promoción social porque acaban de llegar, sus campus sus nuevos y suenan a “modernos”, contra la “decrepitud” de las públicas.

Pero las privadas también tienen notas negativas, y muchas. En principio, no son gratuitos. Es verdad que ofrecen becas, pero son selectivas. Recordemos aquí las películas y series americanas donde las familias empiezan a ahorrar cuando los niños y niñas son pequeños por cuando van a la universidad.

Matricularse en una privada puede significar tener que pagar entre 9 y 15.000 euros al año. Aparte, los gastos lógicos de transporte, comida y alojamiento. Esto significa que las familias tienen que gastarse entre 45.000 y 100.000 euros en cuatro años en la educación de los hijos. ¿Quién puede tener acceso a estos niveles de gasto?

Esto convierte en las universidades privadas en centros elitistas. Todavía no ha llegado el momento en que el Estado tenga que pagar parte de esa docencia universitaria, como si se hace a primaria y secundaria, donde los padres pueden llevar a los hijos a un centro concertado. Pero esta es una posibilidad que puede llegar si la derecha llega al poder.

¿Quién nos garantiza que el PP no distribuirá el presupuesto de la educación superior entre los centros públicos y los privados? Si le preguntáramos a Ayuso ya sabríamos la respuesta.

Las privadas presumen de que tienen más acceso a las prácticas empresariales, pero esto está para demostrar. ¿Qué empresa ofrecerá un contrato de prácticas a un estudiante procedente de la privada de un centro donde ha estudiado que no tiene los mínimos rigores académicos?

Pero quizás muchas empresas lo que quieren es esto: estudiantes de prácticas de nivel medio pero con un carácter y espíritu dócil. En cambio, de las universidades públicas salen millas de estudiantes con fuerte carácter, un nivel de autoexigencia fenomenal y aceptando bien poco las dinámicas empresariales piramidales, jerarquizadas y, por eso, sin futuro.

Las privadas presumen, también, de disponer de laboratorios modernos. Está claro que cuando una universidad empieza todo es moderno, limpio y pulcro. Hay que esperar que pasen unos años para ver si tienen capacidad para mantener un nivel de investigación de nivel.

Las privadas no ofrecen tantos estudios como las públicas. Incluso, algunas parecen “academias de piso”, de cuando éramos pequeños y nos tocaba estudiar donde fuera.

Las  privadas pueden tener miles de estudiantes, si,  pero muchos han sido rechazados por la pública por su bajo nivel. A las pruebas de selectividad se suman las notas del currículum y las del examen. Si el estudiante ha cursado el bachillerato en un centro privado, es muy probable que haya sido beneficiado, obteniendo notas más altas. En los centros privados del bachillerato se paga mucho más que en los públicos. ¿Cómo se tiene que suspender a quién ha estado pagando una fuerte matrícula durante años?

En definitiva, a las universidades privadas, y “xiringuitos” universitarios no se entra por las notas que obtenga el estudiante. Nadie le negará la matriculación a nadie mientras pague.

A guisa de anécdota, un catedrático de una universidad privada, de la iglesia, me comentó hace años que algunos estudiantes exigían notas más altas en los exámenes aduciendo que por eso pagaban matrículas tan altas- son unos “pijos” me dijo el compañero.

Ahora, como decíamos antes, el Estado quiere regular la creación y existencia de las universidades privadas. Se les exigirá tener un mínimo de estudiantes -4.500-; tendrán el Parlamento como garantía de su nivel, es decir, no será el Gobierno quien decida. Y las privadas tienen que ofrecer 10 títulos oficiales de grado, 6 másteres y 3 programas de investigación.

Además, el 5% de su presupuesto tiene que ser para investigación.

Finalmente hay que indicar que la medida propuesta por el Gobierno llega tarde. En España hay 50 universidades públicas y 46 de privadas. Desde 1998 no se ha creado ninguna pública.

Pero el colofón de este debate es que en las universidades públicas el profesorado entra por oposición, mientras que a las privadas se puede contratar al primero que llegue.

ChatGPT, rápido pero sin corazón

¡HORROR !, CHAP GPT plus me ha hecho

un cuento infantil en 1  segundo

 

Por Manuel López doctor en Ciencias de la Comunicación y periodista

Los investigadores, periodistes y comunicadores en general -entre los que se encuentran los de las empresas-

estamos entre sorprendidos y perplejos ante la Inteligencia Artificial. Vamos probando el Chatgpt y el Deep Seec un día tras otro para ver en qué puede afectar y ayudar a nuestro trabajo y, como es lógico, también estudiamos como puede afectar a la sociedad. Por el momento, la sorpresa es general.  Pides, y la IA te da. Como todos sabemos la IA se nutre de centenares de millones de datos depositados anteriormente por los usuarios, por los empresarios y por… (se me escapa quien puede estar detrás de todo esto, espero que no sea Ellon Musk). Yo he sometido al ChatGPT a diversas pruebas. Recordarán que, en cuanto salió, le solicité un texto pornográfico de Trump. Su respuesta fue ambigua, no estaba preparado para ese tema.

Hoy, 11 de marzo del 2025 , le he pedido que me escriba un cuento con los siguientes personajes: un bombero, una foca, una jirafa y un pirata malvado.

La respuesta no ha tardado más de cinco segundos, y este es el resultado de mi petición:

“Había una vez, en un pequeño pueblo costero, un bombero llamado Luis, conocido por su valentía y por siempre estar dispuesto a ayudar. Un día, mientras patrullaba las costas, vio algo realmente extraño: una foca atrapada en una red de pesca flotante cerca del muelle. Sin pensarlo dos veces, Luis se lanzó al agua y con gran esfuerzo, logró liberar al animal.

La foca, agradecida, nadó hacia él y, con una gran sonrisa, le dijo:

—¡Gracias, bombero Luis! Soy Flora, la foca mágica, y te debo un gran favor. Si alguna vez necesitas mi ayuda, solo silba tres veces y apareceré para asistirte.

Luis sonrió, sin creer mucho en las palabras de la foca, pero agradeció el gesto y volvió a su estación de bomberos. Sin embargo, esa misma tarde, algo aún más extraño sucedió.

En el mismo pueblo, una jirafa llamada Gigi había decidido hacer turismo por la costa, pues siempre soñó con ver el mar. Mientras paseaba por la playa, se encontró con Luis, quien no pudo evitar reírse al ver a una jirafa paseando como si fuera lo más normal del mundo.

—¡Hola! Soy Gigi, la jirafa viajera —dijo, moviendo su largo cuello y acercándose al bombero.

Luis no sabía si estaba soñando o si en realidad estaba hablando con una jirafa, pero decidió presentarse. Y fue entonces cuando ambos escucharon un ruido extraño en el aire: un barco pirata se acercaba a la costa. En lo alto de la nave, una figura sombría observaba con malicia, y era nada menos que el temido Capitán Barbacoa, un pirata malvado conocido por sus fechorías.

—¡Vengan a mí, malditos! ¡Voy a robarles todo lo que tengan! —gritó el Capitán Barbacoa desde el barco.

Luis y Gigi no sabían qué hacer. Pero justo en ese momento, escucharon el sonido de un silbido en el viento. Era Flora, la foca mágica, que apareció de la nada saltando de las olas.

—¡No temáis! ¡Estoy aquí para ayudar! —exclamó Flora.

Luis, Gigi y Flora idearon un plan. Mientras el pirata se acercaba a la orilla, Flora nadaría en círculos alrededor de su barco para desorientarlo, mientras que Gigi usaría su largo cuello para desatar las velas del barco pirata. Luis, con su valentía, subió a una pequeña lancha y, con su manguera de bombero, comenzó a disparar agua al barco, dificultando que el Capitán Barbacoa pudiera maniobrar.

El Capitán, furioso, intentó resistirse, pero entre la confusión de las olas, las velas deshechas y el agua que le caía sobre el barco, terminó por rendirse. Al final, el Capitán Barbacoa se dio cuenta de que jamás podría vencer a un equipo tan singular: un bombero valiente, una foca mágica y una jirafa con gran visión.

El pirata, avergonzado, huyó en su barco, dejando atrás su botín y prometiendo nunca más regresar. Luis, Gigi y Flora celebraron su victoria con una gran fiesta en la playa, y desde ese día, el pueblo costero vivió en paz, sabiendo que no había maldad que pudiera vencer la amistad y el coraje de un bombero, una foca y una jirafa.

Y así, cada vez que alguien necesitaba ayuda, ya sabían a quién llamar: ¡el mejor equipo de todos!”

 

Ya sé, el cuento es soso a más no poder, pero les he de decir que a nuestros hijos y nietos les están explicando, antes de ir a dormir, narraciones más sosas todavía.

Mi problema es que mi perplejidad ha sido incrementada en grado sumo. En un segundo tenía la respuesta.

Naturalmente no hay descripción de personajes. Le faltan las montañas, ríos, puentes, mares… le falta, en realidad, corazón, sentimiento, humanidad. Quizás estoy pidiendo demasiado porque a los niños igual les aburre tanta descripción geográfica.

¿Se han acabado los narradores infantiles?, ¿tendrán la IA como un poderoso aliado para generar más relatos, y así, cobrar, más?

Según para qué se emplee.

 

Por Manuel López doctor en Ciencias de la Comunicación y periodista, ex professor de la UAB