UNIVERSIDAD PÚBLICA O PRIVADA: LA CALIDAD ESTÁ EN JUEGO

Por Manuel López, profesor honorario de la UAB y periodista.

Si tienes un hijo que quiere ser periodista, por ejemplo, pero la nota de selectividad no le basta para entrar en alguna universidad públicas, ¿qué harás?

Muy sencillo: si tienes dinero, lo matricularás en una privada. En caso contrario deberás hacer martingalas para que el “niño” o “niña” empiece otra carrera, por ejemplo, pedagogía, y en cuanto acabe el curso, con algunos aprobados, intentar utilizar la pasarela para pasarse a periodismo.

Pero eso son maniobras que poca gente emplea. Si tienes dinero, enviaras a tu retoño/a a la privada. Prepara entre 9.000 y 15.000 euros al año. Esto es, casi 50.000 euros te va a costar la carrera de tu hijo/a. Es decir, te quedarás sin el Tesla que tanto te gusta…o te empeñarás y/o empeñarás a tu descendencia.

EN CASO DE PODER, ¿MATRICULA EN LA PÚBLICA O EN LA PRIVADA? ¿CUAL ES LA MEJOR OPCIÓN?

Yo he sido profesor titular de la UAB (Universitat Autònoma de Barcelona) desde el año 1986 hasta el 2010. Aún lo sigo siendo, pero con la categoría de profesor honorario. Es decir, alguna conferencia al año, participación en algún libro de investigación y poco más.

A lo largo de mi carrera docente ostenté algunos cargos: miembro del claustro de la universidad, vicedirector de profesorado, secretario de departamento y miembro de algunas comisiones de trabajo.

También he sido coordinador de licenciatura, lo que me obligaba a analizar las peticiones de convalidación hechas por estudiantes, casi todos, latinoamericanos. Tarea ingrata, porque tienes que comparar las asignaturas del optante y las de tu facultad.

Se dieron situaciones absurdas: una estudiante de un país centroamericano quería que le convalidáramos una asignatura de título “El caballo”. Y al leer el programa de esa materia se podía observar que el título era literal: “qué es el caballo, partes del caballo, clases de caballo…”

Esta estudiante procedía de una universidad privada, hecha para la élite de su país, y regentada por una orden religiosa.

Naturalmente no le dimos ningún crédito por esa asignatura, pero me quedó la duda sobre qué se enseña en las universidades privadas, no ya de América, sino en las nuestras.

La universidad privada tiene muchos puntos a favor. Por ejemplo, son nuevas. Esto atrae. Lo nuevo permite experimentar, crear, desarrollar… Algunas están muy bien equipadas: amplios campos, magníficos edificios, buenos laboratorios…

Pero no investiga, o casi no lo hace. Las universidades deben ofrecer no solo conocimientos, sino la obligación  de investigar.

No selecciona a su alumnado en función de su nivel académico, se acepta a todo el mundo que tenga dinero. Lo contrario de la universidad pública, donde se entra según la nota de selectividad.

Otra ventaja es que su profesorado es más joven que en la pública. Pero eso también es un hándicap, porque no tienen historia acumulada, experiencias desarrolladas, intercambios a lo largo de muchos años con otros centros universitarios.

En España hay ya más universidades privadas que públicas. Eso, en sí, no es ni bueno ni malo. Es un hecho. La pregunta es si esas nuevas universidades privadas están preparadas para ofrecer y obtener una buena calidad de sus estudiantes.

Detrás de una nueva universidad privada podemos encontrar alguna institución, también privada, con enormes recursos económicos. El hecho es que algunos fondos de inversión extranjeros han visto negocio en este sector y están invirtiendo.

La pregunta es: ¿puede el dinero, el capital, interferir en lo que considera que es imprescindible, la libertad de cátedra? Sin duda.

Y digo sin duda porque no hay ninguna universidad privada que pueda considerarse ya no comunista, sino de izquierdas.

Elegido el equipo director de la privada, se selecciona al profesorado. Muchos de sus docentes han sido rechazados por la universidad pública. No porque sean malos, sino porque no hay plazas para todos.

También es cierto que si han sido rechazados es porque no han podido ganar ninguna plaza de titular, de lector o de ayudante. Es decir, hipotéticamente el profesorado de la privada no es mejor, ni mucho menos, que el de la pública.

Esta distinción es vital para que la familia estudie si meter a sus hijos en una universidad o en otra. ¿para qué gastarme 50.000 euros en cuatro años en una universidad privada si en la pública casi es gratis (4.000 al año) y, encima, objetivamente es mejor?

Pero la universidad privada tiene algunos otros factores positivos. Suele tener mejor relación con la industria, ya que procede del campo económico liberal. Tendrán mejores opciones para enviar a sus alumnos a realizar prácticas en más empresas, y mejores, que la pública.

La universidad privada tiene otra ventja sobre la pública: accede antes a las nuevas tecnologías y nuevos instrumentos, fruto de su capacidad económica y una gestión de dirección más ágil.

Por eso, nunca debemos olvidar que la universidad privada tiene dos objetivos: ganar dinero y crear élites para que el sistema siga funcionando.

LA UNIVERSIDAD PÚBLICA, SUS VENTAJAS

A diferencia de las universidades privadas, las públicas no son clasistas. En ellas se matriculan quienes tienen buenas notas. El dinero no es ningún obstáculo, y hay un sistema de becas casi suficiente…

En las públicas se investiga. Es una obligación para los docentes que tienen plaza, o para los estudiantes de doctorado. Es decir, las universidades públicas trabajan para preparar las futuras generaciones y trabajan para solucionar los problemas de la sociedad a través del desarrollo de investigaciones inéditas.

En las públicas no se segrega por sexo, género, color de la piel, clase social o ideologías.

Es decir, estamos ante un ámbito donde el debate es amplio porque los alumnos proceden de todos los sectores y estratos sociales. La educación en las públicas se basa en la libertad de opinión.

En una misma aúla podremos encontrar a estudiantes que votan o militan en partidos de extrema derecha o de extrema izquierda. Que son nacionalistas o españolistas… del Madrid o del Barsa.

Hay libertad de cátedra. El profesorado se rige por unas materias que están dentro de asignaturas compactadas, pero el docente tiene libertad para incluir cuantos temas considere oportunos para enriquecer al alumnado.

La contratación del profesorado titular se hace por oposición: un ordenador designa un tribunal que juzga a quienes opten a una plaza. Naturalmente puede haber corruptelas de grupos afines, pero si las hay, un segundo tribunal resolverá las apelaciones. Nadie que no tenga capacidad, autoridad, prestigio y un buen currículo académico podrá entrar en la pública… aunque aceptamos que pueda haber algún caso a estudiar detenidamente.

La universidad pública garantiza la ecuanimidad, el respeto, la equidistancia y la transparencia, lo que no puede decirse de la privada.

Recientemente un colega de una universidad privada catalana me confesó que algunos de sus alumnos creen que deben ser aprobados porque pagan puntualmente las altas matrículas. Y se refirió a ellos como “pijos”. Naturalmente estamos ante casos puntuales, porque la inmensa mayoría del estudiantado de la privada va a clase a aprender, no solo a aprobar.

En la universidad pública hay libertad absoluta para organizarse en sindicatos, grupos, tribus… y manifestarse por el campus y salir en la prensa sin que nadie los censure. No recuerdo ninguna manifestación en la universidad privada a menos que echemos mano de la hemeroteca y descubramos algunos conflictos en la universidad de Navarra.

En resumen, la universidad pública tiene muchas más ventajas y cualidades que la privada, aunque, es cierto, la pública tiene que mejorar, ser dotada de más medios y eliminar buena parte del burocratismo que la encierra.

Manuel López

Profesor honorario de la UAB y periodista.

EL PERIODICO, CLAVES PARA MEJORAR LAS VENTAS

Anteriormente hemos criticado la oferta de EL PERIODICO (antes, de Catalunya) porque el declive de ventas, creemos, está directamente relacionado con diferentes aspectos, muchos de ellos negativos.

Decíamos que la compaginación y la ordenación seccional y temática del diario no era la correcta. Que el bloque de opinión era bueno, pero demasiado extenso e insertado en un espacio demasiado privilegiado.

El declive de ventas puede deberse a estos aspectos, sobre todo si tenemos en cuenta que el público histórico de EP (CAT) corresponde al de la clase media no hiperpolitizada, amante de los temas sociales y del deporte. Y educada en un formato periodístico más amable y ordenado.

Naturalmente el director, Albert Sáez, puede considerarse el máximo responsable, pero sería injusto decir que todas las culpas han de recaer en él. Es la empresa editora la que le dice al director cuál es la línea a seguir y es el director el que implementa esas indicaciones.

Quizás Prensa Ibérica creyó que orientar EP (CAT) hacia una línea más ideológica, más “dura”, más profunda, sería una buena baza para intentar influir en la agenda diaria de la política catalana y española.

Pero esa batalla está perdida, de ahí que EP (CAT) sólo esté vendiendo menos de 20.000 ejemplares.

HAY SOLUCIONES

Pero hay soluciones, o, cuando menos, algunas propuestas que, al ponerse en marcha, podrían reorientar el diario en cuanto a incidencia social y en cuando a ventas.

Hemos ultimado un estudio sobre propuestas para EP (CAT) que todavía es inédito, y que esperamos presentar en alguno de los congresos que se realizarán en los próximos meses, especialmente el de la Sociedad Española de Periodística, de la que tuve el honor de ser su presidente hace algunos años.

PROPUESTAS

La primera propuesta es que la redacción ha de saber a qué público se orienta. Eso requiere algunas reuniones del consejo de la redacción, quizás en grupos pequeños. Se ha de confirmar que nos dirigimos a la clase media urbanita, algo progresista, del Barça y dispuesta a pagar 2 euros, o algo más por un producto que sea fácil de leer en 20 o 30 minutos y que sea gráficamente atractivo.

La plantilla de periodistas es muy buena, pero hay que saber reorientarla hacia objetivos diferentes. Se redacta bien, pero los periodistas no son los que tienen la autoridad para definir el producto diario.

Se ha de dar un protagonismo mucho más importante a la fotografía, a la imagen. Esta propuesta pasa por dedicar una o dos páginas a insertar fotos del día (del día antes, claro) con un buen texto de apoyo, no más de 3 líneas. A esta figura se le ha venido llamando fotopie, y que antiguamente empleamos en el diario complaciendo al lector. Cuantas más fotos, mejor. Y se ha de abandonar la idea de fotografías de hombres encorbatados que se dan la mano ante una reunión de altura.

Un pie de foto no puede decir: una señora mira un escaparate, eso ya se ve en la imagen. Alguna de las ideas del texto han de servir para ilustrar la foto explicando algo de interés.

Respecto a la redacción, se ha de cuidar mucho la selección de los cuadros medios: redactores jefes y jefes de sección. Ellos son los que han de movilizar a los redactores para que aporten noticias. Ya sabemos que el periodismo actual, tan mecanizado y burocratizado, exige de los periodistas estar muchas horas delante del ordenador. Esto debe cambiarse.

Las fuentes informativas de EP (CAT) han de ser mejoradas: deben utilizarse menos fuentes oficiales y más de personas cercanas a los hechos.

La calle es donde están las noticias.

De qué sirve dedicar una página a reproducir las declaraciones de Pedro Sánchez y dedicar la página siguiente a recoger las respuestas del jefe de la oposición: todo debe ir junto, resumido, bien trabajado.

Los titulares también han de ser objeto de revisión. No puede ser que se informe de algo que todo el mundo sabe desde la noche anterior por TV o internet. Los titulares han de enmarcar la noticia, han de matizarla, han de interpretarla.

CAMBIAR EL ORDEN SECCIONAL

Otra propuesta es alterar el orden de las secciones. No puede ser que la sección de Opinión esté en el centro, como un cuadernillo separable. Se le ha de dar un lugar especial, pero sin tanta enjundia. Con dos páginas de opinión será suficiente.

Pero puede haber más opinión a lo largo de todo el diario: insertando columnas de gente que sepa de algo y que sepa escribir. Nuestros colaboradores escribirán sobre temas de la propia página, para apoyar con argumentos alguna de las noticias. O lo harán sobre temas del día que sean especialmente susceptibles de ser narrados con buena pluma. Esas secciones, de una columna, irán siempre en un lugar fijo. Y tendrán la fotografía del autor y su correo electrónico.

El orden de las secciones es algo a estudiar a fondo…

El tema del día parece todo un acierto. Le puede seguir sociedad y después política. La economía, al final y bien trabajada, pero no muy extensa. La cultura ha de huir de ser influida por los promotores musicales y artísticos.

Los deportes serán una de las secciones estrella del rotativo. Hay buenos periodistas en esa sección, a los que se debe ayudar con más espacio, especialmente para las imágenes. En un partido de fútbol o de basket hay miles de movimientos de los jugadores que son expresiones artística de gran valor. Aprovechemos a nuestros fotógrafos, no los enviemos a ruedas de prensa insulsas. Esas imágenes ya los dan las agencia.

Naturalmente todos estos cambios en la morfología y contenidos de EP (CAT) serán inútiles -o no tanto- si no acompañamos esa renovación con otras medidas.

PROMOCIÓN EXTERIOR

La primera medida es que el diario ha de publicitarse exteriormente. Algunas vallas, algunos spots en TV… imaginemos que alguno de esos anuncios están hechos en una cafetería donde algún personaje del teatro, la tv o el cine explican que cuando toman el café matutino leen el rotativo.

Eduard Fernández (El 47), Joel Joan (Plats Bruts), Pep Agut (artista plástico), Carmen Maura o gente corriente, de la que le gusta leer tomando el café o leyendo prensa en el metro o el autobús.

En realidad, este tipo de publicitarse debería ser adoptado por la Asociación de Medios de Información (AMI), que viene a ser la patronal de la prensa diaria, pero este organismo no acaba de funcionar y, además, parece que le trae sin cuidado el hecho de que el periodismo en papel se hunda cada vez más.

EP (CAT) tiene en sus manos la posibilidad de explorar ciertas vías de comercialización. Algunas ya han sido probadas en los años sesenta y setenta: los voceadores. La propuesta es vender diarios en estaciones del metro y de Renfe en las horas punta a través de un vendedor que vocee el producto que vende. No hace falta que esté cuatro o cinco horas. Únicamente las horas de máxima afluencia.

Con AMI podría experimentarse la venta de diarios y revistas a través de máquinas automáticas. Debe resolverse quien las recargaría y vaciaría: quiosqueros próximos o porteros de inmuebles cercanos o…

Nueva York está llena de este tipo de expendedoras, y la gente consume lo ofrecido.

Este tipo de máquinas también puede situarse en universidades y centros de trabajo con miles de empleados, al lado de las máquinas de refrescos y chucherías.

Este diario tiene un sistema de suscripciones que no funciona del todo. Es decir, puede revitalizarse a través de promociones y atención personalizada. La Vanguardia y El País tienen un servicio permanente para repartir ejemplares de forma urgente en caso de que no haya sido repartido en el domicilio del suscriptor. Si EP (CAT) lo tiene, mejor.

Pero para alcanzar unos niveles de ventas aceptables -pongamos, 50.000 ejemplares- es necesario, ante todo, tener mucha voluntad, aceptar los errores e insuficiencias y establecer el clásico método de error, acierto.

En resumen, EP(CAT) tiene mucho camino por delante si se reacciona a tiempo, y ese tiempo ha llegado.

Manuel López, Periodista, Profesor honorario de la UAB.