LAS PORTADAS DEL DRAMA EN VALENCIA:  DE LA VERDAD A LA MANIPULACIÓN POLÍTICA

Por Manuel López, profesor honorario de la UAB y periodista

Las portadas son la propuesta que cada periódico hace para atraer la atención del lector. Se dice que la portada es el escaparate. Lo es, pero también es muchas cosas más: interpretación, manipulación y desinformación.

Las portadas se deciden en consejos de redacción en los que están presentes el director y su equipo directivo. No es fácil titular, en absoluto, pero cuando se decide la frase definitiva, se está expresando algo más que el resumen analizado de un hecho. Se está expresando la ideología del medio.

Veamos las portadas de los principales periódicos generalistas del día 4 de noviembre:

ABC: “Tras el abandono, rabia sin consuelo”

La Razón: “Los Reyes con las víctimas”

El País: “Paiporta recibe al Rey, Sánchez y Mazón con barro y gritos de “asesinos”

El Mundo: “El Rey recibe en Paiporta  un brote de ira en plena crisis institucional”

El Periódico: “Indignación desbordada”

La Vanguardia: “Explosión de ira ante el Rey, Sánchez y Mazón”

Lo primero que observamos es que no todos sitúan al rey en su primera página. No lo hacen ni El Periódico, ni el ABC.

Casi todos los titulares que estamos analizando hablan, subjetivamente, de lo que pasó. ¿Y qué pasó? Pues que un pequeño grupo de personas empezó a silbar y a increpar a la comitiva oficial. Algunos, incluso, lanzaron objetos y bolas de barro. En  la comitiva iban el rey, el presidente del gobierno y el presidente de la Generalitat de la Comunitat Valenciana.

El más preciso, pero poco informativo, es El Periódico, al titular “indignación desbordada”. No da más detalles en ese titular de cabecera, no dice contra quien se desbordó la indignación. Ni habla de la violencia, ni del objetivo de la violencia. No da protagonismo a ninguno de los afectados, monarca (y su esposa) y presidentes.

Es cierto lo que dice este periódico: indignación desbordada, pero esa indignación ¿contra quién iba?

El titular menos periodístico es el de La Razón: “Los Reyes con las víctimas”. Ni siquiera ponen una coma entre el sujeto y el resto de la frase. Falta el verbo, que es lo que da acción a la frase, o debería. Es un título valorativo, sin enmarcar ni hablar, para nada, de las acciones violentas que se registraron en torno a las autoridades. Es un título complaciente con la monarquía. Es un título nada comprometido. Tampoco es descriptivo. Ni siquiera es informativo. Corresponde a un diario que quiere quedar bien con el poder, sin especificar nada que pueda molestarle.

El Mundo: “El Rey recibe en Paiporta un brote de ira en plena crisis institucional”. Este título ya tiene más enjundia. Hilvana el brote de violencia, más bien ira, con la situación de la política española. Mete en una sola frase el drama de Valencia y la crítica situación de la política española. Es cierto que la hay: un fiscal general, comprometido; la esposa del presidente del gobierno, bajo sospecha; los presupuestos del Estado, a la espera; alguno de los socios de Sánchez, en la UVI. Pero también es cierto que la economía española va como un tren rápido, que las exportaciones crecen, que baja el desempleo…

El Mundo propone una portada contraria al gobierno, sin tener en cuenta la situación general de España. Estamos ante un diario que hace de la crítica del gobierno su “leitmotiv” central y editorial.

Este periódico separa al rey de la crisis, como si el jefe del Estado no tuviera nada que ver. Recordemos que el rey es el árbitro de la política y que puede “arbitrar” siempre que lo desee, porque nadie se lo impedirá. Si no ha intervenido, sino ha “arbitrado”, es que está de acuerdo con la situación actual de la política española. O como mínimo, está soportándola a ver cómo acaba.

ABC: “Tras el abandono, rabia sin consuelo”. Aquí no hay sujeto alguno, ni acusaciones, diríamos que el viejo rotativo se centra en interpretar una situación complicada resuelta en dos conceptos: “abandono” y “sin consuelo”. Lo encontramos perfectamente asumible, aunque no diga nada de que los reyes fueron protagonistas de unos altercados realmente graves. Graves porque jamás en la democracia española actual se habían visto escenas semejantes.

El País: “Paiporta recibe al Rey, Sánchez y Mazón con barro y gritos de “asesinos”. Este diario intenta dar mucha información en una sola frase. Mezcla la localidad con las autoridades y las escenas que todos hemos visto por televisión. Es cierto, a las autoridades se las recibió, con barro (en las calles y en el lanzamiento por parte de algunos ciudadanos). Pero El País no dice que se lanzó barro contra los reyes y presidentes. Sólo dice que les gritaron “asesinos”, sin más.

La Vanguardia: “Explosión de ira ante el Rey, Sánchez y Mazón”. Estamos ante un titular descriptivo-interpretativo. Parece que todo el mundo, en Paiporta, hubiera protagonizado la revuelta, cuando sólo fueron algunas decenas de personas, y aún.

Y, observemos, que en la frase se dice que la explosión fue “ante” y no “contra”. No han querido mojarse en un titular que podría ofender a La Zarzuela y a La Moncloa.

Es un titular que camufla la verdad de lo que ocurrió. La explosión de ira fue contra las autoridades, no ante las autoridades.

En conclusión: nuestros rotativos deberían volver a la facultad de periodismo para  hacer un taller de titulación de noticias. Y no se molesten, no hay acritud en mi propuesta, sólo una sugerencia.

Manuel López, profesor honorario de la UAB y periodista.

UNIVERSIDAD PÚBLICA O PRIVADA: LA CALIDAD ESTÁ EN JUEGO

Por Manuel López, profesor honorario de la UAB y periodista.

Si tienes un hijo que quiere ser periodista, por ejemplo, pero la nota de selectividad no le basta para entrar en alguna universidad públicas, ¿qué harás?

Muy sencillo: si tienes dinero, lo matricularás en una privada. En caso contrario deberás hacer martingalas para que el “niño” o “niña” empiece otra carrera, por ejemplo, pedagogía, y en cuanto acabe el curso, con algunos aprobados, intentar utilizar la pasarela para pasarse a periodismo.

Pero eso son maniobras que poca gente emplea. Si tienes dinero, enviaras a tu retoño/a a la privada. Prepara entre 9.000 y 15.000 euros al año. Esto es, casi 50.000 euros te va a costar la carrera de tu hijo/a. Es decir, te quedarás sin el Tesla que tanto te gusta…o te empeñarás y/o empeñarás a tu descendencia.

EN CASO DE PODER, ¿MATRICULA EN LA PÚBLICA O EN LA PRIVADA? ¿CUAL ES LA MEJOR OPCIÓN?

Yo he sido profesor titular de la UAB (Universitat Autònoma de Barcelona) desde el año 1986 hasta el 2010. Aún lo sigo siendo, pero con la categoría de profesor honorario. Es decir, alguna conferencia al año, participación en algún libro de investigación y poco más.

A lo largo de mi carrera docente ostenté algunos cargos: miembro del claustro de la universidad, vicedirector de profesorado, secretario de departamento y miembro de algunas comisiones de trabajo.

También he sido coordinador de licenciatura, lo que me obligaba a analizar las peticiones de convalidación hechas por estudiantes, casi todos, latinoamericanos. Tarea ingrata, porque tienes que comparar las asignaturas del optante y las de tu facultad.

Se dieron situaciones absurdas: una estudiante de un país centroamericano quería que le convalidáramos una asignatura de título “El caballo”. Y al leer el programa de esa materia se podía observar que el título era literal: “qué es el caballo, partes del caballo, clases de caballo…”

Esta estudiante procedía de una universidad privada, hecha para la élite de su país, y regentada por una orden religiosa.

Naturalmente no le dimos ningún crédito por esa asignatura, pero me quedó la duda sobre qué se enseña en las universidades privadas, no ya de América, sino en las nuestras.

La universidad privada tiene muchos puntos a favor. Por ejemplo, son nuevas. Esto atrae. Lo nuevo permite experimentar, crear, desarrollar… Algunas están muy bien equipadas: amplios campos, magníficos edificios, buenos laboratorios…

Pero no investiga, o casi no lo hace. Las universidades deben ofrecer no solo conocimientos, sino la obligación  de investigar.

No selecciona a su alumnado en función de su nivel académico, se acepta a todo el mundo que tenga dinero. Lo contrario de la universidad pública, donde se entra según la nota de selectividad.

Otra ventaja es que su profesorado es más joven que en la pública. Pero eso también es un hándicap, porque no tienen historia acumulada, experiencias desarrolladas, intercambios a lo largo de muchos años con otros centros universitarios.

En España hay ya más universidades privadas que públicas. Eso, en sí, no es ni bueno ni malo. Es un hecho. La pregunta es si esas nuevas universidades privadas están preparadas para ofrecer y obtener una buena calidad de sus estudiantes.

Detrás de una nueva universidad privada podemos encontrar alguna institución, también privada, con enormes recursos económicos. El hecho es que algunos fondos de inversión extranjeros han visto negocio en este sector y están invirtiendo.

La pregunta es: ¿puede el dinero, el capital, interferir en lo que considera que es imprescindible, la libertad de cátedra? Sin duda.

Y digo sin duda porque no hay ninguna universidad privada que pueda considerarse ya no comunista, sino de izquierdas.

Elegido el equipo director de la privada, se selecciona al profesorado. Muchos de sus docentes han sido rechazados por la universidad pública. No porque sean malos, sino porque no hay plazas para todos.

También es cierto que si han sido rechazados es porque no han podido ganar ninguna plaza de titular, de lector o de ayudante. Es decir, hipotéticamente el profesorado de la privada no es mejor, ni mucho menos, que el de la pública.

Esta distinción es vital para que la familia estudie si meter a sus hijos en una universidad o en otra. ¿para qué gastarme 50.000 euros en cuatro años en una universidad privada si en la pública casi es gratis (4.000 al año) y, encima, objetivamente es mejor?

Pero la universidad privada tiene algunos otros factores positivos. Suele tener mejor relación con la industria, ya que procede del campo económico liberal. Tendrán mejores opciones para enviar a sus alumnos a realizar prácticas en más empresas, y mejores, que la pública.

La universidad privada tiene otra ventja sobre la pública: accede antes a las nuevas tecnologías y nuevos instrumentos, fruto de su capacidad económica y una gestión de dirección más ágil.

Por eso, nunca debemos olvidar que la universidad privada tiene dos objetivos: ganar dinero y crear élites para que el sistema siga funcionando.

LA UNIVERSIDAD PÚBLICA, SUS VENTAJAS

A diferencia de las universidades privadas, las públicas no son clasistas. En ellas se matriculan quienes tienen buenas notas. El dinero no es ningún obstáculo, y hay un sistema de becas casi suficiente…

En las públicas se investiga. Es una obligación para los docentes que tienen plaza, o para los estudiantes de doctorado. Es decir, las universidades públicas trabajan para preparar las futuras generaciones y trabajan para solucionar los problemas de la sociedad a través del desarrollo de investigaciones inéditas.

En las públicas no se segrega por sexo, género, color de la piel, clase social o ideologías.

Es decir, estamos ante un ámbito donde el debate es amplio porque los alumnos proceden de todos los sectores y estratos sociales. La educación en las públicas se basa en la libertad de opinión.

En una misma aúla podremos encontrar a estudiantes que votan o militan en partidos de extrema derecha o de extrema izquierda. Que son nacionalistas o españolistas… del Madrid o del Barsa.

Hay libertad de cátedra. El profesorado se rige por unas materias que están dentro de asignaturas compactadas, pero el docente tiene libertad para incluir cuantos temas considere oportunos para enriquecer al alumnado.

La contratación del profesorado titular se hace por oposición: un ordenador designa un tribunal que juzga a quienes opten a una plaza. Naturalmente puede haber corruptelas de grupos afines, pero si las hay, un segundo tribunal resolverá las apelaciones. Nadie que no tenga capacidad, autoridad, prestigio y un buen currículo académico podrá entrar en la pública… aunque aceptamos que pueda haber algún caso a estudiar detenidamente.

La universidad pública garantiza la ecuanimidad, el respeto, la equidistancia y la transparencia, lo que no puede decirse de la privada.

Recientemente un colega de una universidad privada catalana me confesó que algunos de sus alumnos creen que deben ser aprobados porque pagan puntualmente las altas matrículas. Y se refirió a ellos como “pijos”. Naturalmente estamos ante casos puntuales, porque la inmensa mayoría del estudiantado de la privada va a clase a aprender, no solo a aprobar.

En la universidad pública hay libertad absoluta para organizarse en sindicatos, grupos, tribus… y manifestarse por el campus y salir en la prensa sin que nadie los censure. No recuerdo ninguna manifestación en la universidad privada a menos que echemos mano de la hemeroteca y descubramos algunos conflictos en la universidad de Navarra.

En resumen, la universidad pública tiene muchas más ventajas y cualidades que la privada, aunque, es cierto, la pública tiene que mejorar, ser dotada de más medios y eliminar buena parte del burocratismo que la encierra.

Manuel López

Profesor honorario de la UAB y periodista.