Por Manuel López, profesor de universidad y periodista.
El Grupo Godó ha entrado en pánico: se ha registrado una caída brutal de visitas en su web, que ha pasado de ser la tercera al número 13. Esto significa menos ingresos, menos prestigio, menos influencia en la sociedad y… lo que es peor es que no hay demasiadas salidas cuando un medio entra en esa dinámica.
Pero el problema no es sólo ver cuántos cliks obtenemos. La Vanguardia no tiene bien solucionada la gestión de la redacción y no ha convertido su web en un instrumento multimedia. De esto hablaremos más adelante.
El medio que ha informado primero de este problema es Dirconfidencial, ligado a empresas de publicidad, lo que le convierte en sospechoso al no formar parte del sector del periodismo. Sus intereses están más cercano al campo publicitario y ve el periodismo como una presa fácil para ayudar a hacer negocios a los anunciantes.
El desplome de LA VANGURDIA puede ser serio. Según recientes estadísticas tenía 113.000 suscriptores digitales. Caso de que haya registrado un descenso en sus suscripciones del 20% eso significaría una merma en los ingresos significativo. Los datos no son oficiales.
Otra cosa es el prestigio: no es lo mismo ofrecer a los anunciantes una web con 113.000 suscriptores y 200.000 usuarios al día, que hacerlo con menores cifras.
¿Cuáles son los problemas de esa caída?
Pocos, pero significativos. Por una parte, se ha detectado un empeoramiento de la oferta redaccional. Es decir, las noticias, reportajes, entrevistas y páginas de opinión de LA VANGUARDIA han perdido calidad y están dejando de interesar al público. O al menos eso se desprende de un primer análisis.
Hace diez años este periódico tenía un corresponsal en Buenos Aires que le costaba 100.000 euros al año, pero elimino el puesto. Ahora sabemos que un conjunto de medios puede compartir un corresponsal donde sea, pero ¿se hace? La sección de internacional era de gran calidad, pero se ha reducido la plantilla de los corresponsales.
Quizás en la crisis influya que la oferta digital es cada vez mayor en el mercado nacional, pero los medios del grupo Godó deben saber combatir a los rivales, de lo contrario perderá lo ganado hasta ahora en muy poco tiempo. Ya se sabe que conseguir audiencias cuesta mucho y perderlas muy poco.
La caída de la calidad informativa parece venir por el hecho de que se ha externalizado una cierta parte de la producción. Los periodistas de ese medio están bien pagados, pero las empresas contratadas para suministrarle noticias no suelen tener plantillas tan sólidas como la que se puede encontrar en LA VANGURDIA, como hemos señalado antes.
Esa externalización lo ha sido, sin duda, para ahorrar dinero. Y mucho. No es lo mismo pagar a un periodista de la redacción central 6.000 euros brutos al mes, que pagar 2.000 euros brutos en la empresa externa. ¿Cómo va a trabajar bien un periodista externo cuando sabe que por el mismo trabajo cobran tres veces más los de la plantilla central?
Los cambios que parece afrontar LA VANGUARDIA van de la mano de sacrificar a las empresas externas y pasar todo su trabajo a la redacción. Es decir, los periodistas de plantilla van a tener que trabajar mucho más a partir de ahora, lo que puede significar una pérdida de calidad al tratar de incrementar la productividad sin reforzar el equipo central.
Es decir, LA VANGUARDIA se mete en la boca del lobo: si ha perdido lectores por la supuesta baja de calidad, ¿cómo puede aspirar a ganarlos con menos gente y más atareada?
Pero el problema general es que la dirección de la plantilla está mal enfocada. Es una evidencia en la prensa española la baja calidad de los cuadros medios. Esos redactores jefes y jefes de sección, y también subdirectores y directores adjuntos, suelen llegar a sus puestos por muchos motivos, pero no por su calidad periodística.
En el periodismo, y en La Vanguardia pasa igual, se elige a gente mediocre para mandar en la redacción. Esta afirmación no es general, no todos los cuadros son malos profesionales, pero sólo que lo sea una tercera parte ya se deja notar en la calidad del producto.
Se elige, para mandar ,en las diferentes secciones, a gente adicta al director, a gente sumisa. Eso suele suceder en todas las empresas. No suelen haber gestores como los que ha fichado la industria del automóvil en los últimos años en cuya elección ha primado más la calidad profesional que la afinidad a la dirección.
Un buen redactor jefe te hace vender periódicos, sin duda. Un buen redactor jefe es aquel que deja libertad a sus redactores y redactoras para que busquen y elaboren noticias sin cortapisas ni censuras. Y que los proteja en caso de problemas.
La Vanguardia es un buen periódico, sin duda, pero podría ser mejor si sus redactores dieran relevancia a los auténticos líderes de la sociedad, no sólo a los líderes económicos o políticos con poltrona.
¿Cuándo se ve en La Vanguardia una buena entrevista con el líder de la plataforma contra la especulación urbanística o contra los desahucios?
¿Cuándo se ve en las páginas económicas de La Vanguardia a los líderes sindicales que negocian convenios de nivel regional o local que afectan a centenares de miles de personas?
¿Dónde están los líderes universitarios o del sector de la sanidad?
Sólo aparecen cuando queman un contenedor o cortan una autopista.
Ya sabemos que La Vanguardia es un medio más bien de la derecha, pero la campaña que hizo contra la ex alcaldesa Ada Colau fue ignominiosa. Se dio mucho más protagonismo a sus enemigos que a analizar la buena gestión de la regidora en materia de suelo… Y eso no ha gustado a parte de sus lectores.
Un exdirector de La Vanguardia me explicó, hace años, que el propietario Conde de Godó, ya octogenario, que cuando se le explicaba que el diario debía tener una buena web, su respuesta era siempre la misma: “y eso me va a hacer ganar más dinero?” Puede ser cierto, o no, que haya hecho este comentario, pero se ajusta muy bien a lo que busca actualmente el diario.
LA WEB, CON PROBLEMAS
Pero no sólo estamos ante un problema de dirección de la redacción. El otro gran déficit es la propia web. ¿Qué ofrece la plataforma de La Vanguardia que la diferencie de las demás webs?
Sin duda la calidad de la oferta periodística, que ha ido a menos, según se reconoce por parte de la redacción. Pero hay más: la web de La Vanguardia no es dinámica, no ofrece vídeos, no permite “linkar” demasiado a otras plataformas para ampliar la información. Muchas de las imágenes son de agencia, lo que significa que también las tienen los otros medios.
En la web de este medio podemos encontrar enlaces a páginas de servicios, de diversión, de consumo, pero no parece que estén siendo aceptadas por el público a tenor de la gran caída en las visitas. Muchas de las propuestas de consumo lo son para la gente adinerada.
Una web, actualmente, ha de ser muy dinámica, con buenos titulares, con información pensada para el mundo digital, y no sólo reflejando lo que dirá al día siguiente el diario en papel.
En fin, La Vanguardia adolece de muchos de los males del periodismo español. No vamos a hacer un ranking de cuál es más importante y cuál no. Pero podemos establecer un listado de temas que conducen a que el diario en papel desaparezca poco a poco, y que sus webs se contaminen de la dinámica trágica del principal medio.
Fijémonos que en España hay una crisis estructural en el periodismo. No se sabe cómo mantener las ventas, pero hay salidas: ventas en la calle, en los grandes acontecimientos, a la salida del metro, en las empresas… Sí hablamos de los voceadores, que tanta importancia tenían en los años sesenta y setenta. Se pueden plantear suscripciones a asociaciones de vecinos, sindicatos, colectivos sociales…
Al mismo tiempo comprobamos que no hay expendedores automáticos de periódicos. En New York lo están por todas partes.
En España ha habido recortes en las plantillas: esto ha generado una pérdida de calidad. No se ha sabido reemplazar a viejos compradores por jóvenes usuarios. En la web sí que se podría hacer, siempre que se atienda los intereses de la gente menor de 40 años. Pero no sólo con divertimentos, sino reflejando sus anhelos, deseos e intereses. Y analizando sus problemas.
Los medios españoles están demasiado condicionados por el partidismo político. Se podría hacer, ahora mismo, una tabla en la que aparezcan los medios de derecha, los de centro y… casi ninguno de izquierdas. Y, sin embargo, la mitad de los españoles votan a partidos de izquierdas. Si eres de izquierdas, ¿qué atractivo te ofrece La Vanguardia?
Hay desconfianza del público a los medios en papel, pero también hacia los medios digitales, aunque en menor medida. Al público se le ha acostumbrado, en el mundo digital, a titulares rutilantes y textos cortos y poco meditados. Al público se le ha llevado a plataformas estilo tic-tok… mucha diversión, mucho entretenimiento pero poco contenido y el que hay es sumamente reaccionario.
En la lista de problemas del periodismo en papel, y secundariamente en sus webs, encontramos la dictadura de las agencias publicitarias. Se ha desbancado de las páginas de la izquierda la información. Sin duda las páginas impares son las más vistas porque aparecen a la vista del lector en primer lugar.
Es también un problema del periodismo español la verificación de noticias y de fuentes. Apenas existen defensores del lector o comités de revisión. Apenas se hace autocrítica.
No se crean clubs de lectores para detectar sus gustos y sus críticas. Hay medios en Latinoamérica que reúnen a grupos de hasta quince personas, una vez cada semestre, para que hablen de cómo ven el periódico o la web,
No se sabe demasiado bien como se toman las decisiones editoriales, quizás porque las empresas se esconden en la ambigüedad, y en el secretismo fruto de la gran concentración de medios que se observa en España. Pocas empresas informan anualmente a qué grupos empresariales pertenecen o de quien es la propiedad del medio. No es extrañar que el lector desconfíe.
La precariedad laboral también es uno de los problemas del periodismo español. No es el caso de La Vanguardia, pero sí de sus empresas subsidiarias. No se puede trabajar con periodistas jóvenes que cobren 1,500 euros netos al mes. Con eso no pueden pagarse siquiera dónde vivir.
Y si hablamos del tratamiento de los temas sensible encontraremos un gran déficit de calidad. Se observó durante el llamado “procés” catalán, pero también en la cuestión del género, inmigración, procesos judiciales tratados como si fueran un partido de futbol…
En conclusión: hay futuro para el periodismo en papel y para sus webs, pero siempre que se actúe con claridad, con acierto en las direcciones empresariales y periodísticas y con autocrítica continua.
(Éste artículo ha sido realizado con datos facilitados por la IA, pero tratados con la críticamente, porque la inteligencia artificial suele cometer numerosos errores de apreciación y de utilización de fuentes. No hemos de olvidar que la IA está en manos de las grandes corporaciones mundiales y que se nutre de informaciones ya publicadas y seleccionadas por ordenadores, sí, pero por personas, al fin y al cabo).
Por Manuel López, profesor de universidad y periodista.







