¿EL PERIODISMO PUEDE VIVIR SIN X?

Algunos sectores proponen su boicot

Si Musk quisiera, Ucrania sería vencida en pocas horas

Por Manuel López, profesor honorario de la UAB y periodista

X, antesTwitter, es el gran protagonista de una buena parte de la mensajería por internet. Imposible calcular su importancia, aunque se dice que tiene más de 400 millones de usuarios, o casi.

          Es curioso, cuanta más importancia adquiere este sistema digital, más controversia genera.

Ahora se habla de hacerle el boicot. Lo sugiere, así, el periodista Andreu Farràs en “paios”[1], una web-blog de gran incidencia en la comunidad periodística catalana y referencia para periodistas españoles.

Situémonos respecto a  X, Twitter, para estudiar su importancia, impacto y capacidad de servicio a la comunidad de internet.

Lo primero que hay que decir es que su propietario, Elon Musk, genera cierta desconfianza, por no decir hostilidad, por buena parte de sus usuarios. ¿por qué? Porque Elon es un tipo millonario, el mayor del mundo, que hace y deshace políticas industriales y científicas con una velocidad pasmosa. Con tantos valores es normal que la gente desconfíe, como siempre se hace contra los poderosos.

Es propietario de Tesla, SpaceX, Neuralink y The Boring Company, entre otras. Es decir, toca el sector de la automoción, de la aeronáutica y de la investigación.

En esas empresas, está demostrado, se cultiva la hiperactividad, la competitividad, el trabajar sin descanso y la carencia de respeto de los derechos laborales. Numerosos artículos de internet denuncian que es un auténtico enemigo de los sindicatos.

Lo primero que descubrimos es que Musk es todopoderoso en varios sectores, y especialmente peligroso en el del control del espacio. Su empresa SpaceX dispone de suficiente capacidad en el cielo como para poder impulsar guerras o, lo contrario, terminarlas. Todo a través del control de su sistema de satélites.

Cuando empezó la guerra entre Rusia y Ucrania Musk echó una mano a Volodidir Zelensky, el líder del país invadido, para permitir que su ejército utilizara su red de satélites para fines militares.

No es lo mismo disponer de conexiones digitales de solvencia para poder dirigir tus tropas, que no disponer de esos soportes.

Ahora, con Trump en la Casa Blanca, esas ayudas se van a acabar porque posiblemente el nuevo presidente de los EEUU querrá mediar para acabar la guerra y qué mejor que quitarle potencia al ejército que defiende Ucrania para forzarle a negociar a la baja.

Es decir, en las manos de Musk está acabar con esa guerra en pocas horas. Ucrania se sentiría indefensa si no dispone de comunicaciones para lanzar ofensivas o para defenderse de los ataques rusos.

Y, por supuesto, estamos ante una situación por la que jamás ha pasado el mundo: el poder de una persona, en este caso de Musk, hace que el futuro dependa de sus decisiones.

EL PROBLEMA EN X

X es un sistema de comunicaciones nacido en marzo de 2006, y cuando apareció fue una sorpresa en el mundo de internet. Los usuarios de ese operativo descubrieron un método rápido, sencillo y económico para comunicarse con todo el mundo. Y usando pocas palabras.

Un mensaje podía ser “retuitado” en poco tiempo a millones de personas. Cualquier desaprensivo podía decir que en Valencia, tras la riada, había 800 cadáveres en el aparcamiento de unos grandes almacenes. El bulo corrió y corrió. Todo el mundo sintió un escalofrío… para comprobar, poco después, que era fruto de una mente perversa, apoyada por grupos antisistema y algunos supuestos periodistas.

Pero, con el tiempo X se ha convertido en un problema porque su propietario tiene la capacidad de conducir el flujo de mensajes en un sentido u otro. Brasil se ha desconectado hace poco porque X servía de plataforma para la ultraderecha de Bolsonaro.

Hace apenas cinco años Trump se quejaba de que X le boicoteaba. Hace apenas un mes Musk y el nuevo presidente protagonizaban mítines conjuntos y quizás el oligarca del espacio forme parte del gabinete trumpista de aquí pocas semanas. Hay cierta maniobrabilidad en Musk y en X. Elon puede cambiar de opinión en pocos segundos…

X no es de confianza, pero millones de personas lo usan. Todavía resulta útil para comunicarse rápidamente, para lanzar mensajes a miles de usuarios y para descubrir cosas que uno no sabía antes. De hecho, lo emplean muchos periodistas, aunque sean críticos con X.

Pero X no es un sistema de comunicación neutral. Tiene la habilidad para gestionar cuentas -eliminarlas o darles prioridad-, para potenciar voces o silenciar otras.

Almacena cuanto decimos… sabe de nosotros lo que nadie supone. Percibe tendencias y las impulsa, caso de que coincidan con sus intereses. Poco a poco se ha hecho con el control de buena parte de la comunicación digital. Y eso no puede ser bueno.

Sobre todo porque X es silenciosa…

Es decir, X permite que sus usuarios se escuden en el anonimato, lo que significa que muchos de los mensajes sean tendenciosos, lo que se conoce por fake news, o noticias falsas.

En periodismo no se trabaja con el anonimato, pero es cierto que los periodistas usan X varias veces al día, si no para aceptar sus mensajes, sí para estar informados de las tendencias… Muchos políticos lo utilizan para hacer declaraciones de forma rápida y expeditiva. Nadie les contradice en el sector del periodismo, aunque sí entre el público en general.

Pero X no puede ser una buena fuente informativa por lo que estamos diciendo: permite el lanzamiento de falsos mensajes, no identifica a sus autores y permite que los “bots” -los sistemas de emisión de miles de mensajes anónimos al mismo tiempo- se paseen impunemente por esa plataforma.

X nos vigila, nos intenta orientar, da visibilidad a gentes con intereses ocultos. Musk  ha dicho, recientemente a sus empleados y a la “humanidad” que el periodismo clásico ya no existe, que todos los usuarios de su plataforma son los auténticos periodistas.

Corrió el bulo, hace poco, de que Musk estaba a punto de comprar la CNN. La noticia partió del presidente argentino Javier Miley. No era cierto, pero con la capacidad económica del líder de la informática y del aeroespacio, bien podría ser realidad cualquier día. Naturalmente, las autoridades americanas de la competencia podrían abortar esa operación en su lucha contra la concentración empresarial.

Las agendas de los medios y de los periodistas están repletas de datos confidenciales, pero que pueden ser revelados a través del análisis de los mensajes emitidos a través de X. Dame un mes de tus mensajes y sabré de tus gustos, de tus tendencias sociales, políticas e incluso sexuales.

Naturalmente eso también lo puede hacer Facebook y otras plataformas, pero no figuran en conglomerados tan poderosos como los de Elon Musk.

Una concatenación de mensajes sobre la debilidad de una empresa o de una moneda nacional puede hundirlas. Al día siguiente vendrían las explicaciones y las peticiones de perdón… pero el mal ya estaría hecho.

¿Cómo fiarnos de una persona que ataca a los sindicatos, hace trabajar a destajo a su personal -aunque los pague espléndidamente-, reniega del sistema de comunicación periodística actual y, para más inri, apoya a un Trump relanzado hacia el poder norteamericano? Es relevante el número de trabajadores que ha despedido en los últimos meses. Y eso ha repercutido en la calidad del producto.

Musk es una figura polarizante y multifacética, con muchos admiradores y detractores. Un gran empresario… pero con los pies de barro porque intenta cargarse buena parte del acervo cultural de nuestro mundo, el occidental, claro.

Está en contra de la intervención del Estado en la economía. Aquello del “laissez faire, laissez passer” es su guía principal, y cuando el Estado interviene para regular el mercado para proteger al mismo mercado, Musk se solivianta y lanza sus tropas contra ese intervencionismo.

LA CE, COMO ENEMIGO

Particularmente es enemigo de la Comunidad Europea porque la considera demasiado intervencionista. La CE intenta meter en cintura a las grandes corporaciones de la comunicación, lo que ha generado auténticas campañas de las empresas de Musk en su contra.

La inteligencia artificial se está mostrando como un auténtico campo de batalla de Europa contra EEUU… y también China. En el viejo continente se quiere regular esa nueva arma, aunque nadie sabe cómo. Musk sí lo sabe: déjenme trabajar libremente y les ofreceré un mundo mejor, parece ser su lema de combate.

Y ahora llega el boicot. Son numerosos los periodistas, científicos, políticos y gente normal que estiman que hay que pararle los pies al profeta. Se ha registrado un cierto número de empresas que han retirado su apoyo. No gusta el aumento de discursos de odio y de desinformación. No se acepta que no haya un sistema de verificación de los mensajes.

No gusta que todo el mundo pueda escudarse en el anonimato para divulgar falsas noticias, o noticias falsas.

Numerosos grupos civiles se sienten atemorizados por X. Empieza a cundir la sensación de que no es un espacio seguro y fiable.

Naturalmente no se puede hacer un llamamiento al boicot si la sensación de que X no garantiza la libertad no es ampliamente aceptado por las masas.

Hace falta esperar a que se configure una masa crítica para el abandono masivo de la plataforma de Musk. Pero el camino ha empezado a labrarse.

Manuel López, profesor honorario de laUAB y periodista.


[1] https://paios-catalans.blogspot.com/