EL GIRO TRUMPISTA DE “LA VANGUARDIA” Y “EL PAIS”

“Es peligroso no conocer al enemigo y más peligroso es desconocer al amigo” (Víctor Malope, filósofo).

Por Manuel López, doctor en CC de la Información y periodista.

La ideología en los medios de comunicación españoles y extranjeros, principalmente del bloque de países democráticos, está en función de la propiedad de los medios y de las leyes que regulan su día a día. Los periodistas apenas tienen importancia en la confección de la agenda periodística. Esta idea, lógicamente, será rebatida por compañeros de la crítica de los medios, pero el debate es bueno.

Hay medios que se consideran de centro-izquierda, como EL PAÍS, y otros que se consideran únicamente de centro, como LA VANGUARDIA. En teoría, las diferencias entre uno y otro puede ser menor: unos estarán contra la especulación urbanística mientras que otros la verán de forma benigna.

Hay medios que dan más espacio, más importancia, a la política y otros a la sección de sociedad. Eso está bien: sólo faltaría que los medios de comunicación fueran idénticos, aunque por el análisis de las portadas diarias no parecen tan diferentes.

La coincidencia en temas de la agenda diaria ya está estudiada por Gaye Tuchmann, Furio Colombo y otros viejos pensadores del periodismo. Manuel Vázquez Montalbán, un escritor, periodista y activista comunista, lo expresó en su “Informe sobre la información” (enero de 1975, Ed. de bolsillo). Los cinco redactores-jefe de las cinco agencias internacionales del mundo son los que dirigen la agenda informativa del mundo. Hablamos de cinco personas que en los años setenta podían decidir qué temas debían ser investigados por sus periodistas, qué temas no. Adonde dirigir los esfuerzos, adonde enviar a sus corresponsales. Y lo más importante, cómo presentaban sus noticias al mundo. Son los que decían a los diarios cómo debían titular.

Hoy este oligopolio no existe como tal. Internet ha roto el esquema de “Editor envía al Receptor algo”. Y el Receptor le responde. Hoy, el receptor es, per se, un Emisor nato.

Pero no deja de ser cierto que la agenda de noticias que emiten los medios informativos de nuestro bloque de países democráticos es muy parecida. Gaza casi ha desaparecido de los informativos desde hace dos semanas (aunque los israelís siguen matando palestinos), pero ha aparecido otro tema que ocupa portadas y páginas interiores, tanto de la prensa en papel como en la comunicación digital.

Hablamos de los superpetroleros que EEUU está bloqueando en el mar caribe y que, posiblemente, esa vigilancia se extienda a todo el planeta. Se trata de buques que transportan petróleo y gas de un punto a otro. De un país productor a otro que no lo es, o que tiene déficit.

Los medios, desde hace dos semanas, se están centrando en ese tema. Y lo que es realmente criticable es que nuestros periódicos y nuestros digitales están comprando el punto de vista de los EEUU: esos superpetroleros son peligrosos porque están dando vida a Venezuela (hoy Venezuela, mañana otro país). EEUU dicen que son “malos” y nuestros mejores periódicos asumen esa supuesta verdad.

El punto de vista imperante en nuestros medios, y principalmente en EL PAÍS y LA VANGUARDIA -diarios que hemos estudiado atentamente- es que es lícito ese embargo y esa política de interceptación de transportes.

Es decir, el punto de vista de esos medios es que EEUU tiene el derecho a hacerlo, cuando no hay legislación alguna que permita abordar a buques en medio del mar a no ser que sean un peligro para la humanidad (que transporten material bélico nuclear, por ejemplo).

La ONU no se ha manifestado todavía, pero probablemente lo haga en contra de esa política intervencionista.

En el continente americano, desde el canal de Panamá hacia el sur, las opiniones son contradictorias. Brasil está en contra, mientras que Argentina está a favor. Colombia tiembla ante un posible conflicto terrestre provocado por EEUU en Venezuela, pero en Chile aplauden a Trump.

Mientras tanto, EEUU sigue adelante con su política, con las bravatas de su presidente y con la movilización de una gran flota de buques con capacidad para desembarcar 5000 soldados en pocas horas. En ese “mientras tanto” se observa la constante destrucción de pequeñas naves supuestamente pilotadas por narcotraficantes y se detecta ya a pequeños núcleos de “patriotas” venezolanos dispuestos a apoyar una intervención armada norteamericana.

En el mundo nadie está tranquilo con un presidente todopoderoso que tiene una fuerza militar extraordinaria en sus manos y que la está ejerciendo día a día en cualquier parte del mundo.

Es cierto que el discurso militarista de los EEUU está calando, y de manera muy evidente, en los medios españoles. LA VANGUARDIA y EL PAIS han “comprado” la estrategia informativa de Trump: no ponen nunca en duda la política norteamericana respecto a los petroleros.

Es más, parecen apoyarla desde el momento en que nunca dudan sobre las fuentes informativas que emplean y sus intenciones. Se publica alguna que otra columna de expertos en política internacional que sirve como excusa para decir que EL PAIS y LA VANGUARDIA dan cobijo a fuentes diferentes.

Pero no es así: se asume la agenda informativa de la Casa Blanca y se festejan, o casi, las aprensiones de superpetroleros. ¿Y qué pasará cuando uno de los superpetroleros responda con las armas?

Esos periódicos no ponen en duda que EEUU tienen la razón para abordar las naves. No estudian ni analizan las razones de los países que emplean esa flota para intentar vender su petróleo. Se da por supuesto que el bloqueo de Irán, Venezuela y el siguiente país, es legítimo.

La ley del mar no autoriza, ni permite, ni tolera esas intervenciones, pero EL PAIS y LA VANGUARDIA no hablan de ello. Todo vale y todo es lícito para asumir la agenda norteamericana.

Nadie recuerda que los EEUU tienen una larga historia de intervenciones militares en la América latina. Ha habido desembarcos y ocupación de territorios, atentados, golpes de estado, bombardeos… pero eso no parece alertar la línea editorial de EL PAIS y LA VANGUARDIA.

Todo eso se ha olvidado. Lo que interesa ahora es estar a favor del poderoso, no sea caso de que Trump, o el embajador americano en Madrid, tome nota y haga desaparecer a los medios críticos con sus intereses. Tienen fondos de inversión suficientes como para poder poner al director en cualquiera de esos medios.

Está en juego la paz en el mundo: no se puede defender el rearme, como lo hacen LA VANGUARDIA y EL PAIS, cuando deberían trabajar por el desarme. Parecen olvidar que a Trump le viene al pairo quien gobierne Venezuela, un presidente, una presidenta supuestamente demócrata, metida con calzador en el palacio presidencial. A Trump lo que le interesa es el petróleo… y que el mundo se rinda a sus pies.

MANUEL LOPEZ

Doctor en Ciencias de la Información y Periodista

El código ético del periodismo catalán: positivo pero de difícil aplicación

Las gentes del periodismo catalán acaban de celebrar su VII congreso.  Y se ha aprobado un nuevo código ético. El anterior congreso se celebró hace nada menos que diez años. Demasiados. ¿qué ha pasado en la profesión durante esta década?, y una pregunta clave en éste artículo: ¿Quién tiene autoridad para aplicar el código y sus posibles consecuencias?, ¿qué autoridad puede quitarle el carnet de periodista a una persona o castigar a una empresa que entre en el delito de saltarse estas normas?

Hay gente con intereses espurios a los que les encanta vivir en el caos informativo. Contra ellos va este código.

En líneas generales podríamos indicar que las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) se han desarrollado de tal manera que ha sorprendido a todos. Ninguno de los ordenadores ni teléfonos portátiles ni los programas que empleábamos hace una década sirven para nada. Han surgido protagonistas digitales, las plataformas, que han modificado y modificarán la forma y manera de hacer comunicación.

Son tan espectaculares los avances tecnológicos que sorprende que la sociedad de la comunicación haya podido absorberlos con tranquilidad. Nada de esto: ha habido abusos dado que es sumamente fácil crear una web, un producto digital y lanzarlo desde el más absoluto anonimato. ¿Quién controla la veracidad del contenido?, ¿es suficiente el autocontrol?

Esto genera confusión entre el público. Hay mucha gente que ya no sabe discernir entre un buen medio de comunicación y otro que no lo sea.

Europa y España están estudiando cómo hacer para que los pseudo periodistas vean reducido su campo de actuación y que los llamados “influencers” dejen de convertirse en líderes de opinión más allá de promocionar productos comerciales.

Las estadísticas indican que una buena parte de la población juvenil, de entre 18 y 25 años, sólo se informan por medios digitales. Yo creo que la franja de edad que está en esta situación es mayor, pero vamos a quedarnos con ese escenario.

Es cierto que el consumo de productos digitales del sector de la comunicación mantiene una especie de vorágine consumista: hay plataformas en las que únicamente se emiten videos de 20 segundos, y otras que te permiten hasta media hora. Todo lo que digas en esos espacios de tiempo es tuyo. Y puedes decir y hacer lo que quieras.

Lógicamente, la sociedad no puede permitirse que una minoría de personas o de empresas dirijan la opinión pública hacia limites que deriven en un atentado contra los derechos humanos, y que lo hagan desde el anonimato. Es decir, no puede permitirse que en webs o blogs se fomente la pornografía infantil -perseguida-, o que se defienda el racismo, se ataque al pobre o se critique que se deba hacer algo para combatir el cambio climático.

¿Hasta qué punto puede la sociedad permitir que se ataquen y conculquen los derechos humanos (DDHH)?

En el periodismo sí que podemos intervenir en ese debate, si me permiten, en esa lucha. El combate consiste en que los medios sean respetuosos con el código ético que se acaba de aprobar en el VII congreso de los periodistas catalanes. Y que los periodistas -y las empresas- respondan si transgreden el código.

Estamos ante un código de aplicación universal, es decir, los periodistas de cualquier país del mundo pueden adaptarlo a sus circunstancias y valores, sin necesidad de añadir poca cosa más.

Los DDHH son un compendio de propuestas para que la sociedad se otorgue unas normas de convivencia alejadas de los conflictos y las injusticias. Claro está que aquí caben muchos aspectos a detallar o reglamentar, pero la realidad es que si se respetan los derechos humanos, la sociedad va mejor.

Es en este sentido que la sociedad de la comunicación catalana se ha hecho con unas normas éticas que, si se respetan, pueden facilitar la convivencia entre las personas.

Por ejemplo, el código propone que:

. se trate con especial cuidado las noticias referentes al suicidio

. se trabaje en favor del cambio climático y se haga “boicot” a las empresas que están en contra

. se trabaje contra el racismo

. se está en contra de la manipulación de imágenes

. se trabaje éticamente con la inteligencia artificial

. se facilite el trato con la diversidad

. con los conflictos bélicos se debe mantener una política de apaciguamiento y no echar más leña al fuego

. se prevenga el plagio

. se citen las fuentes

. se verifiquen las noticias

. se abone el tratamiento de la información de proximidad

. se verifiquen contenidos generados automáticamente por plataformas

. el periodista ha de ser un filtro de calidad, no un simple transmisor

. Se ha de ser responsable al utilizar la Inteligencia Artificial (IA). Si se utiliza, se ha de indicar y explicar qué partes de nuestro trabajo proceden de esa plataforma.

Y otros puntos que no por no ser detallados aquí no sean importantes.

Todos estas propuestas son jalones de una escalera que nos ha de llevar a la excelencia informativa. Lógicamente, siempre habrá problemas y conflictos de cómo enfocar determinadas noticias y, sobre todo, de qué hacer con las empresas y personas que no respeten e incluso atenten contra el código ético recién aprobado.

Dado que en España no existe la obligatoriedad de la colegiación de los periodistas, se hace difícil aplicar éste código. De momento sólo hay una entidad, no oficial, que entre a estudiar los atentados contra el código: el Consell de la Informació de Catalunya (CIC). Se trata de una entidad independiente apoyada por el colegio de periodistas, sindicatos y diferentes colectivos. Su función es dirimir denuncias por posibles atentados contra el código ético.

Su funcionamiento es ejemplar: cuando se recibe una queja o una “denuncia”, se abre un expediente informativo que puede derivar en un expediente definitivo en el que se hace constar si ha habido “delito” o no. Naturalmente no podemos hablar de “delito” porque el CIC no es una instancia judicial, pero la resolución tiene su importancia porque expone ante la sociedad esos atentados a las normas deontológicas.

Pero el CIC tiene sus limitaciones. No tiene el Boletín Oficial del Estado a su disposición. Tampoco el Diari de la Generalitat. Tan sólo un apartado en la web del colegio de periodistas y en su propia página digital. Ni siquiera la revista Capçalera, del colegio, se hace cargo de las sentencias. Cabe recordar aquí el caso de Olga Viza: “sentenciada” hace años por su participación en una campaña publicitaria de ING Direct, junto a Matías Prats. Pues bien, apenas hace dos años el colegio la distinguió como buena profesional, en contra del parecer de algunos colegiados, que se lo comunicaron por escrito al decano.

Hubo debate interno, pero en la revista del colegio no se hizo mención alguna hasta que intervino el CIC para indicar al director de la revista, Jordi Rovira, que no había cumplido con su misión de informar de lo que pasa en la  entidad, y más cuando se trata de un asunto tan delicado. Es decir, en casa del herrero, cuchillo de palo.

La capacidad del CIC para hacer que sus expedientes puedan aplicarse en forma de sanción, por ejemplo, pasaría por el hecho de que el Consejo de la Información tuviera reconocimiento institucional. Que el Parlament de Catalunya le otorgara esa carta ejecutiva… ya se la he pedido, pero ya veremos cuando se discute o si se discute.

Existe otra entidad, ésta sí institucional, el Consell de l’Audiovisual de Catalunya (CAC) que tiene capacidad punitiva: puede sancionar a empresas que alteren sus compromisos con las normas aprobadas oficialmente.

Hasta que llegue el momento en que el CIC pueda tener capacidad institucional, veremos como sus “sentencias” sólo pueden ser consultadas, leídas o copiadas buscando en la red.

El momento actual no es simple, es complejo, pero los periodistas tienen -tenemos- un código ético actualizado que nos permite confrontar con la sociedad un trabajo que persigue la excelencia.

Manuel López

Doctor en Ciencias de la Información

Y periodista

EL PERIODISMO ANTE UN FUTURO INCIERTO

POR MANUEL LÓPEZ, DOCTOR EN CIENCIAS DE LA INFORMACIÓN Y PERIODISTA

Los miembros del Colegio de Periodistas de Cataluña están en proceso de revisión de su trabajo al ser convocados por la entidad en el VII congreso, a principios de noviembre. Es un momento muy acertado para debatir sobre la profesión porque en los últimos años ha habido tantos cambios e incidencias que si no se afrontan ya, el periodismo puede perder su norte, su función, su futuro.
Actualmente son diversos problemas los que afectan a la profesión, pero yo diría que hay uno que aglutina todos, ¿hay, o no, derecho a la información?
SI, HAY DERECHO A LA INFORMACIÓN, PERO…
inicialmente diríamos que si, que hay derecho a la información, a distribuir y recibir noticias, reportajes, entrevistas, filmaciones, audios…etc. Pero todos estos géneros que permiten a los periodistas, y las periodistas, está claro, expresarse con rigor y respetando la ética profesional, están en peligro porque estamos ante una serie de factores que ponen en peligro el objetivo principal: hacer buen periodismo.
No haremos un ranquing de problemas: no se trata de decir cuál es lo primero y qué el último. La idea general es que tenemos la sensación de que cada día es más difícil ejercer la profesión.
La censura todavía existe, y quizás crece. Cada vez más las empresas periodísticas están más presionadas por el capital para que se conviertan en vías de expresión de los grandes intereses económicos. Y por las fuerzas políticas.
Sorprende mucho ver que los diarios en papel dedican buena parte de las páginas nones -las de la derecha del lector- a publicidad, cuando todo el mundo sabe que es el espacio donde primer mira el lector, el más importante.
La decisión de hacer que las nones estén ocupadas por la publicidad no ha sido de los periodistas. Pero esto es solo un pequeño ejemplo.
Las páginas de economía están rellenadas de noticias empresariales, muchas veces no confrontadas, no verificadas. ¿Porque?, pues porque las secciones de economía de los diarios disponen, en general, de pocos periodistas, mientras que las grandes corporaciones tienen decenas de periodistas en plantilla que cada día se ocupan de intentar que los medios les sean favorables.
Los bancos, las cajas, las grandes empresas inundan cada día las redacciones con comunicados de escaso valor, pero que sirven para que los periodistas tengan tanto trabajo al gestionarlas que no tienen tiempo para investigar. Los gabinetes de comunicación lo que hacen ses bloquean las redacciones. Así de claro.
HABLAMOS DE LA OPACIDAD DE LAS EMPRESAS Y DE LA PRECARIEDAD
Por encima de esta política, los periodistas de los grandes medios saben que la propiedad de sus empresas es opaca. Hay normativa europea que obliga a los medios a realizar un ejercicio de transparencia informativa, al menos una vez al año, pero a veces nos encontramos ante un conjunto de firmas que depende de otras firmas, y otros… Es imposible, muchas veces, saber de quién es la empresa.
Sería irreal ahora discutir sobre si el mercado tiene que tener libertad o no de acción. Está avalado por la constitución y no hay ningún país europeo que ponga en entredicho esta premisa. Pero esto no quiere decir que los intereses empresariales tengan que estar por el encima de los intereses periodísticos.
Y esto genera problemas a las redacciones. Y precariedad a la profesión por las decisiones empresariales… y también por el mercado.
Y este problema no lo podrá resolver el Colegio de Periodistas de Cataluña (CPC) en este congreso. Le va demasiado grande.
Además, el CPC es una entidad corporativa que tiene entre sus colegiados a trabajadores y directivos. Es decir, el CPC no es un sindicato con capacidad para discutir y negociar convenios o declaraciones editoriales, como si pueden hacer los sindicatos, por ejemplo el Sindicato de Periodistas de Cataluña (SPC) o los núcleos de periodistas de la UGT y de CCOO.
El CPC no puede, pues, abordar este problema.
Tampoco puede abordar el tema de la precariedad, puesto que, como hemos dicho, al CPC hay contratados y contratadores. El tema de las condiciones laborales tiene que ser tratado por el SPC.
Pero si que puede entrar en otros temas que están a la agenda de los debates del congreso. Por ejemplo, el de la ética profesional. El congreso tiene que saber que la revista del CPC, Capçalera, dejó de tratar un debate interno de gran importancia: la periodista Olga Viza recibió, hace poco, una distinción profesional del colegio. Pues bien, un grupo de colegiados, entre ellos un exdecano y varios vocales de anteriores juntas del CPC, señalaron que la compañera Viza había sido señalada por el Consejo de la Información de Cataluña (CIC) por su irresponsable participación en un anuncio de ING, en compañía de Matías Prats.
Esto va contra el código ético, y así lo comunicaron los compañeros que firmaron una carta dirigida al decano. La distinción se le dio igualmente, pero el debate no salió en la revista Capçalera hasta que el CIC recriminó a su director por el hecho de silenciarlo.
El problema de la ética profesional es complejo. El CIC ha tenido mucho trabajo en este tema. Y lo ha resuelto muy bien, a pesar de que algunas “sentencias” han caído muy mal entre la actual junta directiva del CPC.
Un problema consecuente es el de qué hacer en casos como el de Olga Viza. No es paso obligado la colegiación de los periodistas y si un periodista hace publicidad, pero no es miembro del CPC, no se le puede decir nada.
Pero sí si se miembro del colegio. Los estatutos permiten actuar en contra de él, hasta el punto de expulsarlo o retirarle el carnet de identificación profesional.
Estamos ante una situación compleja porque el CIC señala inconveniencias, transgresiones y atentados contra el código ético, pero no puede sancionar, a diferencia del CAC (Consejo del Audiovisual de Cataluña).
Este congreso puede ser el marco adecuado para pedir que el CIC se convierta en entidad de interés público con capacidad ejecutiva. Es un tema interesante que quizás no se resuelva en este encuentro pero que puede indicar el camino cabe donde ir para hacer efectivas las “sentencias” del CIC.
LA CREDIBILIDAD DEL OFICIO NO SE NEGOCIABLE
Estamos hablando, aun así, de la credibilidad y del prestigio del oficio, sin duda. Así lo indica la convocatoria del congreso. Y es un acierto situar estos valores como los más importantes de cara al presente y al futuro.
La reflexión colectiva de los periodistas convocados a este acontecimiento puede resolver muchas dudas: con negociaciones, pactos o por votaciones. El compromiso con la sociedad nos exige ser valientes y dejar que cada entidad asuma su responsabilidad.
Al CPC le corresponde el papel de defender los valores y al SPC lo de defender los derechos.

Google se rinde al papel, otra vez

Nuevo suplemento de GOOGLE en papel, entregado con EL PAIS, y quizás otros medios. Me sorprende, por segunda vez, que esta riquísima plataforma digital se comunique a través del papel. Esto significa que el papel todavía tiene…papel en la vida moderna.

No deja de ser cierto que en todas las redacciones de los medios informativos todas las mesas están llenas de papel. Periódicos, dossiers, carpetas diversas… no todo lo que llega a un diario, una emisora de radio o tv o un medio digital sea en lenguaje digital.

Ni mucho menos.

Los gabinetes de prensa comerciales saben que cada día los periodistas reciben, recibimos, miles de mensajes por internet. La mayor parte los desechamos porque son propaganda o porque no tienen interés a primera vista.

Sin embargo, lo que llega en papel llama más nuestra atención.

En el papel vemos todo el menú ampliado. Los papeles nos llegan jerarquizados, mucho mejor que en los mensajes digitales. Eso nos permite seleccionar, como si tuviéramos en las manos un bisturí, y liquidar aquello que no nos parece interesante.

Pero Google se ha dado cuenta de que no llega a todas las partes, por eso nos envía, quizás una vez al mes, un suplemento en papel.

El ejemplar que estoy comentando lleva por título “El gran potencial de IA en Europa”.

El título es equívoco. La IA tiene potencial en todo el mundo, como se dice en las páginas interiores de ese medio en papel. Sus páginas ofertan reportajes del estilo de “Europa es un buen lugar para invertir”, firmado por una directiva de la UE.

También podemos leer un cierto número de páginas en las que se explican las maravillas de la IA en materia de comunicación, medicina, educación, seguridad, potencialidad en comunicaciones… es decir, una exageración de textos alabando Google y su IA.

Un buen ejemplo de reportaje laudatorio es el que se titula “La IA ayuda a salvar vidas”. La verdad es que estoy cansado de leer mensajes periodísticos en los que se titula algo así como que el próximo año se acabará con el cáncer. Y de esto hace cuarenta años. Si lo de “ayudar a salvar vidas” fuera cierto, estaríamos salvados… pero a ver cuando se hace realidad ese deseo.

Al final se dice que “IA para el bien común”. Esto parece el colmo: “la innovación en IA ayuda tanto a los Gobiernos como a la ciudadanía”-

¡Estamos salvados!

La lástima es que todo lo que se dice en el folleto es pura propaganda: no se explica cómo la gente puede defenderse de los conglomerados digitales y sus plataformas ante el monopolio informativo de esas compañías multimillonarias.

Se nos podrá decir que las diferentes IA pueden ser utilizadas o no. Pero todo nos lleva hacia un futuro bien definido: acabaremos en ese túnel cuyo final es incierto.

Lo dicho, Google se ha rendido al papel. Es toda una contradicción.

Manuel López

Doctor en Ciencias de la Información y periodista.

Más en : http://www.universcat.com

PERIODISMO, ENTRE EL REARME Y EL DESARME

Nervio bella pecunia infinita

“El negocio de la guerra es una inagotable cantidad de dinero”. (Cicerón, Filipicas, 5,2,3)

Manuel López, profesor de universidad, periodista

En estos últimos meses los medios de comunicación occidentales dedican un gran espacio y tiempo a hablar del rearme ante el peligro que significa Rusia. Se aduce que EEUU y la UE han de prepararse ante la agresividad rusa en Ucrania. Y el debate, ahora, es qué tanto por ciento del Producto Interior Bruto (PIB) se ha de dedicar para preparar a nuestros ejércitos. Pero no todos están de acuerdo con esto. Muchos creen que no debe haber rearme, porque rebajará la factura de las ayudas sociales.

El dilema está servido: ¿Rearme o desarme?

Muchos medios de comunicación han dejado de contemplar lo que dice la Declaración Universal de los Derechos Humanos:

Artículo 28

Toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente efectivos.

Los códigos éticos de los medios de comunicación siempre se dicen respetuosos con estos principios universales, pero en el momento de establecer su agenda, la cosa cambia.

En estos momentos Europa está discutiendo sobre la exigencia de EEUU de que todos sus componentes han de dedicar el 5% de su PIB al rearme.

¿Cuál es la respuesta de la prensa, radio, tv y buena parte de los medios digitales?: centrar su temática en torno a porcentajes. No en torno a si es necesario incrementar el presupuesto destinado a sus ejércitos, es decir, si es tan necesario el rearme.

Tampoco entran a debatir si las cantidades asignadas están bien empleadas y, especialmente, a quien le conviene que se incremente ese PIB.

En buena lógica, son las industrias militares las principales interesadas en que ese debate acabe con buenas noticias a su favor.

Pero no sólo son las industrias militares, sino las que pueden servir componentes de uso civil para fines bélicos: alimentación, textil, automoción, sanidad, formación…

El periodismo contribuye al rearme, así de sencillo, porque enfoca su temario a discutir cantidades asignadas a la milicia. Y muchas veces lo hace inconscientemente. No conozco a ningún periodista que esté a favor de la guerra… pero lo que escriben y cómo lo escriben redunda en favor del rearme.

Estamos entrando en la era de la propaganda y la manipulación periodística, porque los periodistas se están dejando llevar por el discurso imperante en el mundo occidental: Hay que parar a Rusia. Y nadie duda de que Rusia no es una democracia.

Y ello sin explicar a los lectores y  a las lectoras que las guerras convencionales son, en estos momentos, poco decisivas para resolver conflictos. Es necesario señalar que Rusia, China, EEUU, Pakistán, India, Francia y quizás Israel tienen arsenales nucleares.

Cuando algunos de esos países entren en guerra, si el conflicto les es adverso y sus fronteras violentadas, probablemente empleen el arsenal atómico para defenderse.

Es decir, es inútil adquirir tanques, cohetes, fusiles… porque lo que dilucidará el conflicto serán las bombas atómicas.

Pero, esto, no lo vemos explicado en los medios españoles, sólo se habla de rearme. Nada más existe.

Esa especie de cloroformo informativo se basa en presentar informaciones sesgadas o parciales. A los periodistas se les niega el acceso a fuentes oficiales bajo la premisa de que muchos temas están sujetos al secretismo oficial.

Tampoco pueden acudir a fuentes no oficiales, como los habitantes de los países supuestamente enemigos. Lo vemos en Gaza, donde Israel ha prohibido la actuación de los medios.

La agenda de los medios que están, consciente o inconscientemente, a favor del rearme se va sincronizando. Puede hablarse ya de “frentes mediáticos”, donde los titulares coinciden en defender el rearme. Se establece una estrecha colaboración entre gobiernos y medios en favor del rearme. Y la gran industria propicia ese matrimonio. Es decir, no hay análisis crítico. Como es lógico, siempre encontraremos articulistas pacifistas, críticos con las agendas de sus medios, pero no dejan de ser la gota en el vaso de agua.

Se emplea el sensacionalismo: se ofrecen estadísticas sobre los potenciales enemigos señalando que han incrementado su armamento en tal o cual porcentaje, olvidando el contexto adecuado.

En fin, los medios, quiéranlo o no, justifican el incremento de las partidas militares. Ya sabemos que detrás de algunos medios hay intereses económicos o políticos, pero no todos están afectados por esas influencias. Y, sin embargo, siguen la lógica-ilógica de los medios que sí están en manos de empresarios belicistas.

Se promueve la beligerancia cuando se incrementan los reportajes sobre destacadas unidades militares que están desarrollando ejercicios en el Ártico o en el Sahel. Se quiere demostrar que el dinero dedicado al ejército está bien empleado. Se habla de la concentración de industrias militares como si fuera un adelanto necesario para la sociedad y para la humanidad.

Se habla de fusiones, de OPAS, de compras de empresas y de sus planes inmediatos para fortalecer la industria militar. Y todo ello festejado por los medios que no dudan en aceptar la invitación de sus ejércitos para asistir a las maniobras militares. Y los periodistas se muestran felices cuando se les deja subir a un tanque. Tenemos ejemplos más que evidentes que afectan a los principales medios españoles.

Para justificar el rearme, los medios tienden a demonizar al supuesto enemigo: se señalan, quizás exagerando, ofensivas en las que hay víctimas con mujeres y niños. Esta demonización conlleva a promover la beligerancia de la población.

La desinformación se convierte en un arma de guerra que pocos periodistas pueden combatir en y por sus propios medios.

En la primera guerra del Golfo, contra Irak, en 1991, se publicó un libro, Las mentiras de una guerra ,localizable en Amazón, (Deriva Editorial), que yo coordiné para el editor Àlex Masllorens, un gran pacifista que después fue concejal en el ayuntamiento de Barcelona.

Ese libro tenía la colaboración de diversos autores con nombre y apellidos y de otros autores que firmaron con seudónimo.

Desde el primer momento decidimos que explicaríamos lo que sucedía en las redacciones cuando estalló la guerra. Periodistas de La Vanguardia, El País, El Periódico de Catalunya y Avui, entre otros, denunciaron anonimamente las manipulaciones de y en sus medios, explicando el día a día de la confección de la agenda temática. Y lo hicieron, repetimos, de forma anónima.

En uno de los artículos yo mismo señalé que El Periódico de Catalunya tituló una noticia de esta manera: “Aviones de España ayudan a que las bombas lleguen a Irak (El Periódico, 2 de febrero de 1991). En ese libro que comentamos se señala que el título correcto debía ser “España colabora con los bombardeos de EEUU en Irak”.

Años más tarde uno de los directivos de ese diario mostró su pesar y arrepentimiento por la política informativa del medio en esa guerra. “Nos hemos pasado”, me comentó personalmente uno de los redactores jefe.

HABLEMOS AHORA DEL DESARME

Frente al periodismo de guerra los medios deberían convertirse en defensores del periodismo de paz, más que nada porque la humanidad tiene los días contados si estalla una guerra de grandes dimensiones.

Hablar de periodismo de paz significa entrar a fondo en el debate de si debemos gastar más dinero en el rearme. Incluso diría más, debe debatirse sobre si es necesario invertir un solo euro en una futura guerra, o en mantener nuestros ejércitos activos.

“Si hay rearme, habrá guerra”. Esta frase es mía pero bien la podrían firmar Bertrand Rusell, Jean Paul Sartre o Gandhi, y pido excusas por mi atrevimiento. Pero lo cierto es que al discurso de la guerra debe oponerse el discurso de la paz.

Es una tarea noble trabajar por la paz porque cuando hay guerra no se respetan las leyes (“Silent leges inter arma”, Cicerón, Pro Milone, 4,10). El objetivo de los medios debería ser minar la lógica del conflicto y promover la marcha atrás, la negociación y la amistad entre los pueblos.

No dejaremos de aceptar que ante la agresión de un país contra otro cabe la defensa, pero no la promoción de campañas bélicas pre-conflictos que crean las condiciones para un futuro enfrentamiento.

El periodismo de paz consiste en contrarrestar la narrativa bélica. Es necesario investigar e informar a los lectores y consumidores de los otros medios sobre las causas estructurales de la violencia, dar voz a las víctimas y buscar escenarios para el diálogo y detectar posibles soluciones.

El precio de un tanque Leopard 2A8, por ejemplo: puede alcanzar los 28 millones de euros. Con esa cantidad se podrían hacer 10 escuelas en primaria en España, según el programa de IA Géminis. Claro, dependería del tipo de escuela, del número de alumnos, de las instalaciones, pero nunca superaría los 10 millones de euros.

Y un centro de atención primaria, en España, cuesta entre 2 y 10 millones de euros, es decir: si dejamos de comprar un tanque, podemos equipar con más entidades educativas o sanitarias al pueblo.

Los medios pueden convertirse en protagonistas si promueven encuentros nacionales e internacionales donde se debatan posibles soluciones a los conflictos. Pueden aportar soluciones para la reconciliación, no para la beligerancia.

Un buen comienzo sería organizar en Madrid, Barcelona o Zaragoza un encuentro internacional de periodistas con profesionales de Rusia y Europa. Se trataría de promover la confianza mutua para hablar de entendimiento y negociación.

Los medios no pueden, ni deben, humanizar los conflictos. En la primera guerra del Golfo, en el citado libro sobre Las mentiras de la guerra (localizable en Amazón), se publicaron fotos de soldados americanos tocando la armónica, enseñando fotos de sus familias o asistiendo a oficios religiosos. Es decir, se intentaba crear unos vínculos de familiaridad con los agresores.

Pero eso es propaganda.

Promover el periodismo de paz es analizar las causas del conflicto, las superficiales y las profundas. Sus dinámicas. Todo ello para explorar y proponer salidas no violentas.

Más que hablar de bajas y víctimas, se debe tratar el contexto, las relaciones humanas y lo que puede pasar a largo plazo: un final impredecible, quizás nuclear.

El periodismo de paz nos es útil para contrarrestar la narrativa belicista porque da voz a los defensores del desarme.

Existe, pues, una enorme responsabilidad por parte de los medios de comunicación, porque estos medios no son neutrales, no pueden serlo ante la guerra y la paz. O se está con el rearme, o por el desarme.

Manuel López, profesor de universidad, periodista

Los poetas, contra la indiferencia

POR MANUEL LOPEZ, PROFESOR DE UNIVERSIDAD Y PERIODISTA

Vox clamantis in deserto[1]

La poesía es el motor de la humanidad. Sin poesía no habría amor, ni esperanza. Ni sueños. Quien escribe poesía son los poetas, pero también los músicos, los periodistas… ¿los periodistas?. Si, porque desvelan cómo es el mundo, sus historias, sus dramas, sus alegrías…

Pero la poesía está pasando por momentos difíciles. Muchos poetas se ven obligados casi a mendigar para que se les haga un hueco en la sociedad.

Estudiemos a los poetas. Tomemos un ejemplo de poeta y músico, Lalo López. Tiene un disco de oro. Creó la Fundación Tony Manero, que ha estado deleitando al público durante 25 años. Pero ahora, disuelta la banda, toca reinventarse.

La poesía musicalizada es esa canción que escuchamos en casa o en el coche. O nos la ofrecen con un conjunto de baile en la televisión. O en los spots de internet.

Todo músico compositor es un poeta. Primero escriben la letra, y a la letra la acompaña con la música, casi nunca al revés. Luego viene la difusión. . Necesitará de los medios para dar a conocer su creación. Si tiene suerte, triunfará enseguida, de lo contrario pasará al mundo de los que esperan la llamada del éxito.

Los periodistas y los músicos comparten angustias y penas. Escriben, difunden, intentan llegar al público, pero son mal pagados. El nivel de desempleo o de empleo precario es alto. Las estadísticas no mienten, pero, ¿para qué recordarlas aquí?

Lalo López escribe, compone. Pero todavía hace más cosas. Vende por internet y cuando alguien le compra un disco, generalmente un vinilo, el mismo lo envuelve y factura.

En una reciente entrevista en la primorosa revista Enlace Funk  [2]explica. Se desnuda para demostrar que los poetas no están muertos a pesar de que la primera etapa de sus vidas ha acabado, o casi. La entrevista celebra que Lalo publique otro disco (¿y van?… Todo por hacer, en Gutifunk & Achilisound Discos, 2025[3].

Los poetas, los periodistas, renacen de sus cenizas. Cuando se cierra una puerta, se abre otra, según el tópico refrán. Pero el mundo rueda y ellos lo hacen rodar.

Hay letras conmovedoras, auténticos poemas cantados y emitidos, y lanzados al aire, con destino al público, consumidor o no.

Esas letras son lanzadas un día y a las 24 horas el poeta ya está componiendo otras. Un poeta, un periodista, no dejan de trabajar. No hay espacio ni tiempo para detenerse.

La poesía, sí, es un arma cargada de futuro. Pero la poesía es, además, la esperanza en un mundo, el actual, que nos pone el corazón en un puño.

Pero como nos dice Lalo en la entrevista de Enlace Funk, aún queda mucho que bailar.

Manuel LópezProfesor de universidad, per


[1] Soy la voz que clama en el desierto (Isaías, 40,3)

[2] https://enlacefunk.com/shop/560-n%C3%BAmero-80.htmllo

[3] https://lalolopez.bandcamp.com/album/todo-por-hacer

¿Los escritores son periodistas?: No

Por Manuel López, profesor y periodista.

Recientemente nos ha dejado una persona en cuya nota de despedida se podía leer que había sido escritor y periodista.

¿Se puede ser ambas cosas?

Difícilmente. O se es una o se es la otra. Claro que pueden haber excepciones, como Miguel Delibes, que durante el día dirigía un periódico y por las noches escribía unas novelas magníficas. Pero en su periódico nunca se dejó ver como escritor. Creemos que sabía diferenciar una profesión, o una vocación, de la otra.

Periodista es aquella persona preparada en una universidad para ejercer una profesión que le obliga a tener un alto nivel cultural, un dominio de la lengua perfecto -cosa difícil- y manejar los programas de ordenador necesarios para desarrollar su función.

Pero hay más: un periodista debe tener vocación.

En mi universidad -la Universitat Autònoma de Barcelona- cada curso ingresan unos doscientos alumnos. Las notas de corte son muy altas. Es decir, optar por esta carrera significa haber obtenido altas notas en el bachillerato y superar unas pruebas de selectividad, realmente complicadas.

Pero muchos de nuestros alumnos no tienen vocación. En una encuesta reciente, hecha en la propia aula, una parte significativa de los alumnos decían que lo que querían es ser “youtubers” o “streamer”, es decir, hacerse con un nombre a través de las redes sociales para hacerse ricos y famosos. Su objetivo era ser como “el Rubis”, una persona que reside oficialmente en Andorra para no tener que pagar impuestos en España. Tiene miles de seguidores y presume de su libertad de acción burlando las leyes tributarias de su país de origen.

Pues bien, el hecho de que haya alumnos de la universidad que únicamente se planteen ser “youtubers” nos preocupa, hasta el punto de que un pequeño grupo de profesores nos estamos planteando que para entrar en nuestra alta institución sería necesario pasar por una prueba de idoneidad.

Es decir, una vez superada la selectividad, el centro que han elegido sometería al alumno a una serie de preguntas relacionadas con el periodismo, o con comunicación audiovisual. Eso se hacía años atrás para entrar en la Escuela Oficial de Periodismo de Barcelona.

La nota haría media con la de la selectividad. De esta manera, en la universidad entraría gente con verdadera vocación periodística.

El resultado sería descorazonador para muchos alumnos que hoy están entre nosotros, porque no habrían podido acceder a la carrera.

Esto significa que alguien que tuviera en la prueba de idoneidad un 9 pero en selectividad un 7, superaría a alguien que en selectividad hubiera tenido un 9 pero en la prueba de idoneidad un 6.

Estaríamos ante una nueva generación de estudiantes de periodismo con auténtica vocación para ser periodistas.

Pero… ¿serían escritores?

No. Serían periodistas.

Para ser periodista es necesario pasar por la universidad, con su colección de asignaturas técnicas, literarias, disponer de habilidades investigadoras… pero para un escritor no es necesario pasar por todo ello.

tPara ser escritor se necesita un alto nivel cultural, un buen dominio de la lengua y ser observador y analítico. Y si tiene imaginación, mucho mejor.

La diferencia entre escritor y periodista es que uno trabaja con el tiempo a favor y el otro no.

El periodista debe someterse a un proceso continuo de construcción de mensajes del momento, o del día, según sea el medio para el que trabaja. Las prisas dominan todo su proceso productivo, mientras que el escritor no tiene esa premura de tiempo.

El periodista sabe a qué género acudir para explicar un hecho. No es lo mismo un reportaje que una crónica. Una entrevista o una noticia.

El escritor no entiende de eso. Vive de lo que lee, escucha o ve en los medios. Medita sobre los hechos ya acontecidos y se pone a escribir.

El periodista sabe que tiene que atenerse a intentar decir y explicar la “verdad”. Lógicamente la verdad no la sabe nadie del todo, pero el periodista tiene que acercarse a ella, y se equivoca, al día siguiente debe corregir su mensaje. Solamente el periodista de investigación está autorizado a meter más literatura opinativa en sus textos. Pero sin fabular.

El escritor tiene la libertad para distorsionar la “verdad”, es decir, puede fabular sobre ella, sobre la noticia, la crónica o el reportaje.

Un periodista que distorsione la verdad no es de fiar.

Un periodista trabaja con hechos concretos, el escritor puede buscar la complejidad de las personas y sus emociones.

El periodista puede explicar un drama con decenas de personas llorando ante un drama bélico o un accidente, pero no puede fabular sobre ello. El escritor, si.

Otro elemento que diferencia a los escritores de los periodistas es que, como los primeros expresan su opinión, están más sometidos a la crítica pública que los periodistas.

Ambas profesiones comparten una realidad: tienen que someterse a la línea editorial para el medio en que trabaje. No es lo mismo escribir noticias o artículos de opinión para un medio de derechas que para uno de centro. No hablo de medios de izquierda porque en España no los hay, al menos en el sector del papel.

Los periodistas se ven sometidos a una estructura jerárquica que los puede influir: tienen jefes, redactores jefes, subdirectores y editores. Y por encima de todo, la empresa.

Los escritores no tienen por encima más que un nivel jerárquico: el del jefe, o jefa, de opinión.

En resumen, ser escritor no significa ser periodista, aunque se publique su trabajo en un medio. Y un periodista no puede considerarse un literato porque su trabajo le conduce a una serie de técnicas muy estrictas, aunque no lo parezca.

Manuel López, profesor y periodista

¿SON RACISTAS LOS PERIODISTAS?

Por Manuel López, profesor jubilado de la UAB y periodista.

Yo, como periodista, he visto cosas que nadie podría imaginar. Pero eso les ha pasado a todos los colegas. Trabajando en El Periódico de Catalunya, en la sección de Sociedad, un buen día -a principios de 1984- recibimos una “denuncia” de una vecina del Barrio Chino (ahora Barri del Raval), en Barcelona, quejándose del ruido que hacían los clientes de un bar donde se reunían subsaharianos, que la vecina tildaba de “negros”.

Me desplacé, como era mi obligación, y hablé con vecinos y con el propietario del local, otro “negro”. Estuvo amable y educado, reconoció que sus clientes solían salir a la calle a acabar sus bebidas y que siempre les llamaba la atención para que no armaran jaleo y molestaran a los vecinos. No tomaban alcohol por ser o musulmanes.

Pero también me dijo que a veces los vecinos respondían de forma violenta. “Ven aquí, John”. Y se acercó uno de los clientes. “Enséñale la cabeza a este periodista”. Y pude ver una gran herida, una especie de grieta recubierta de gasas y esparadrapos ensangrentados. “esto se lo hicieron anteayer, cuando le lanzaron una Xibeca desde uno de los pisos”.

Una Xibeca es una cerveza en un envase de un litro. Es decir, de un kilo de peso.

Regresé de inmediato a El Periódico y hablé con el redactor jefe de mi descubrimiento. Ya me veía en portada con el título “un vecino le abre la cabeza a un subsahariano con una Xibeca”. Mi gozo fue a parar a un pozo, porque el redactor jefe, mi amigo, me dijo una frase histórica: “LOS NEGROS NO COMPRAN PERIÓDICOS”.

Eso, ahora, no habría ocurrido. Para eso está el comité profesional y el sindicato, para defender los derechos de los periodistas.

 Pero, surge una pregunta: ¿y si no actúan los comités y los sindicatos?

Nos situamos en un marco especialmente delicado. Los medios suelen defender los derechos humanos, es decir, están a favor de defender la libertad de expresión y otras libertades. Pero ¿siempre defienden esos DD.HH.?

¿Hay racismo en los medios?, ¿entre los profesionales?

Vayamos por partes. Las redacciones, en los países occidentales, están formadas por gente blanca, educada en las iglesias  cristianas -más o menos- y que tienen un nivel de vida de tipo medio o incluso superior.

En las redacciones, los jefes y directivos suelen ser personas algo mayores, con educación también cristiana -más o menos- y niveles de vida superiores. Han vivido muchos episodios a lo largo de sus vidas y últimamente, desde hace unos veinte años, se han visto sorprendidos por el asalto masivo de migrantes del tercer mundo al suyo, tanto en Europa como en Estados Unidos.

No está demostrado que estos directivos y jefes hayan superado el eurocentrismo clásico del siglo XX. Es decir, no está claro que hayan experimentado una reflexión sobre el proceso actual de grandes migraciones del tercer mundo al primero. No está claro que siempre hayan sido anticolonialistas.

El periodismo, día a día, tiene en su agenda de temas el racismo, para bien o para mal. Hay periódicos de derechas temerosos del asalto de los subsaharianos, africanos en general, árabes e incluso asiáticos -como los procedentes del Pakistán-, y lo expresan editorializando sobre el peligro de esas masas para la cultura occidental.

Los periódicos de izquierdas y de centro son más cautos. Defienden el derecho de los migrantes a tener una vida mejor, pero no encuentran el camino para acertar con el auténtico problema: la pobreza.

Hay medios que incluso elaboran una teoría para combatir esa pobreza: que el mundo occidental cree en el tercer mundo facultades universitarias y escuelas de formación profesional y que sus egresados vengan a trabajar a Europa y EEUU. Eso conlleva un empobrecimiento absoluto del tercer mundo: si sus profesionales y técnicos viene a nuestros países, ¿Quién se cuidará del desarrollo de sus países de origen?

Prosigamos con el estudio sobre periodismo y racismo para indicar que los medios no solo informan, sino que moldean la opinión pública. De lo que escriban y propaguen, la sociedad se hará una imagen sobre los prejuicios raciales.

Ese moldeo de la opinión pública viene de la mano de que, en numerosas ocasiones, el periodismo ha sido cómplice de prácticas racistas, representando a personas racializadas con estereotipos negativos, asociándolos a criminalidad, pobreza o violencia.

Hablamos de afrodescendientes, indígenas o migrantes.

Ha habido, y sigue habiéndolo, un lenguaje discriminatorio. Se habla de “pandillas latinas”, “terrorismo islámico”, pero no de “pandillas de europeos” o de “terrorismo cristiano”, que también lo hay. La prueba está en Estados Unidos con todas las milicias que están contra el estado y atentan cuando se les antoja. O de las bandas nazis que salen a la caza de migrantes en nuestras calles.

Hemos hablado de que las redacciones están formadas por personas blancas, esto quiere decir que en esos equipos de trabajo apenas encontramos a personas de otras etnias. Estamos ante una cobertura poco representativa de las experiencias de las minorías.

Es decir, falta diversidad en las redacciones. Hasta hace poco se hablaba de redacciones “machistas”, afortunadamente hay cada vez más mujeres en esos equipos de periodistas, aunque no sean, por el momento, el 50 por ciento de los cuadros directivos.

Las mujeres y los migrantes en las redacciones tienen menos oportunidades de ascenso. Los migrantes -ya sabemos que son una minoría- tienen menos oportunidades de ascenso. Son más estigmatizados y discriminados dentro de las redacciones.

Hay un caso típico. En la muy moderna y democrática televisión catalana, TV3, tienen en plantilla a Beatrice Duodu Owusu, nacida, en Ghana en 1996.  Se trata de una licenciada en periodismo por la UAB -egresada con honores- que presenta un informativo en la cadena. Sí, pero en la segunda cadena, en el 3/24. Un informativo “escondido”. Tiene una dicción perfecta. Tiene autocontrol y aplomo. Pero no se la ha visto aún en la primera cadena, donde hay presentadoras no tan buenas. Seguramente sería un choque para las muy bienpensantes clases burguesas catalanas ven a una “negra” presentar un “telenotícies”-

Sigamos hablando de periodismo y racismo: se silencian historias que incomodan a ciertos grupos de poder. Sí, existe lo que se llama un racismo institucional. Pero hay fórmulas para combatirlo.

EL PERIODISMO ANTIRACISTA

El periodismo sabe reaccionar contra sus propios pecados: los periodistas jóvenes han sido formados en unos ambientes universitarios mucho más tolerantes que los directivos que dirigen los medios ahora.

Existen muchos más medios de las minorías raciales que antes. Sus redactores escriben desde el punto de vista de sus intereses y no de los de las empresas con personal “blanco”.

Se usa, ya, un lenguaje más preciso y respetuoso.

Parece que el mundo reconduce sus múltiples vías de expresión cuando algo les sacude sus creencias: el Black Lives Matter, en EEUU, tras la muerte de Georges Floyd, expuso la violencia policial y también el papel de los medios al narrar esas historias.

Es cierto que las migraciones las producen las guerras y la pobreza, pero los medios han de tener en cuenta esa realidad para ni tildar a los migrantes de “saltavallas” o de “delincuentes”-

El periodismo y el racismo no deben ir de la mano. Es necesario no seguir con pautas de trabajo que criminalizan a la gente procedente de otros países, se deben cambiar las estructuras redaccionales, las decisiones editoriales y las representaciones.

Reiteramos la necesidad de diversificar las voces y comprometerse a una ética que respete la dignidad de los habitantes de este maravilloso planeta.

Contraviniendo a mi jefe y amigo, los negros sí que pueden comprar periódicos. Démosles tiempo. O al menos eso dice el chat GPT.

Manuel López, profesor de la UAB y periodista.

Novela de Manuel López EL ¡CROC!

EL ¡CROC!, PRÒXIMA NOVELA: LA REVUELTA DE BARCELONA HACIA LA 3A REPÚBLICA .

Está a punto de editarse la novela EL “CROC”, de Manuel López. Se trata de una obra que empieza en la Barcelona de 1976, con las grandes manifestaciones tras la muerte de Franco pocas semanas antes.

Se produce un altercado en el que una manifestante resulta muerta. La gente se subleva, desarma a la policía y empieza una revuelta que se extenderá a toda España.

¿Qué pasa en las redacciones?

Por Manuel López, profesor jubilado de la UAB y periodista

(versión en castellano)

Varias noticias referidas al quehacer de las redacciones periodísticas están siendo motivo de estudio y discusión porque pone en jaque la esencia del periodismo: entregar a los lectores y lectoras unos productos informativos hechos con calidad, generados sin intereses espurios, fruto de la independencia del medio y de los trabajadores y con garantía de respeto a la ética profesional. es decir, está en cuestión la integridad del periodista.

Estudiemos lo que propone el código de la UNESCO al respecto.

El Código internacional de ética periodística (UNESCO) [1] dice sobre la integridad profesional del periodista:

“El papel social del periodista exige el que la profesión mantenga un alto nivel de integridad. Esto incluye el derecho del periodista a abstenerse de trabajar en contra de sus convicciones o de revelar sus fuentes de información, y también el derecho de participar en la toma de decisiones en los medios de comunicación en que esté empleado.”

Pues bien, no parece que muchas empresas periodísticas hagan demasiado caso a la recomendación de ese código, creado en 1983 por las principales organizaciones de periodistas del mundo

El último caso afecta a la cadena catalana de radio televisión, TV3 , la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals (CCMA). La dirección de TV3 ha comunicado el nombre de los nuevos conductores (presentadores) de los nuevos telenoticias. Según un destacado miembro del comité profesional, “los nombres no han cogido por sorpresa a la redacción, porque hacia meses que circulaban”. Y hay una queja. Y la queja viene por el hecho de que la gestión del proceso ha sido muy mala y ha perjudicado a diferentes profesionales con aspiraciones al cargo de conductor. Esto no quiere decir que los asignados sean malos profesionales, no es este el tema. El problema es que la decisión se ha tomado de arriba abajo, sin consultar a la redacción, a los trabajadores. Ha habido descontento,  por la opacidad y subjetividad en el proceso. Es decir, ha habido arbitrariedad. No ha habido proceso participativo. Se ha impedido la participación de los representantes de los trabajadores, de los editores jefe, de los conductores, de los jefes de servicio… esto genera escepticismo, desencanto y desconfianza hacia los procesos participativos en una radio televisión pública.

En las entidades públicas de medios audiovisuales hemos observado que este tipo de problemas está creciendo últimamente. Sin ir más lejos estamos observando la intensa crisis de la empresa pública valenciana, donde el ordeno y mando se ejerce sin ningún pudor. También hay quejas en RTVE.

Y surge una pregunta: ¿tienen derecho los periodistas a ser consultados sobre quien han de ser sus jefes?

La lógica empresarial dice que no. Que la empresa tiene todo el derechos a determinar quien debe organizar la producción, es decir, se reserva la potestad de designar quien ha de ostentar los cargos directivos y cuadros medios.

Pero esta lógica empresarial tiene sus detractores, incluso entre los propios empresarios.

Si has de crear un equipo, ¿no es mejor que el coordinador o jefe sea aceptado por los empleados?, ¿no es mejor tener al equipo contento y satisfecho al ver que su opinión ha sido tenida en cuenta?

¿Qué se puede esperar de un jefe que no goce de la confianza del equipo?

Hay un caso histórico sobre el que ya se escribió hace tiempo. Sucedió hace años en EL PERIÓDICO DE CATALUNYA. En ese medio existía, y existe, un estatuto de la redacción que dice que la dirección ha de consultar a los periodistas cuando haya de designar director personal. La decisión no es imperativa, es decir, el director escuchará a la redacción pero no estará obligado a aceptarla.

Sin duda, el director es quien manda en un medio, y tiene el derecho a designar a quien considere oportuno. Pero precisamente el estatuto de la redacción le permite saber qué opinan los periodistas sobre su decisión. Siempre es mejor crear consenso que disenso.

Pues bien, el director propuso a la redacción que se votara un nombre, AM, para una subdirección. La redacción se reunió en asamblea y decidió mostrar su rechazo. A pesar de ello, M tomó posesión del cargo. Aun sabiendo que no gozaba de la confianza de sus nuevos compañeros.

Estamos en un momento muy delicado para el periodismo, para la humanidad, puesto que Internet ha abierto las puertas a millares de supuestos informadores que, a través de blogs y webs, se hacen pasar periodistas por periodistas y están envenenando el panorama informativo.

Es por ello que ahora, más que nunca, es necesario que los medios intenten ser mejores que nunca. Que sus productos informativos sean de calidad, y eso se consigue organizando unas buenas redacciones donde la confianza entre la empresa y los periodistas sea total.

Manuel López, profesor jubilado de la UAB y periodista.


[1] https://www.comisiondequejas.com/otras-normas-eticas/codigos/codigo-internacional-de-etica-periodistica-unesco/