MANUEL LÓPEZ

Profesor universitario y periodista.
El diario LA VANGUARDIA acaba de cumplir 145 años. Nacido en 1881, ha pasado por diferentes etapas sociales, económicas y políticas. Pero es incorrecto decir que LA VANGUARDIA celebra 145 años de periodismo: se le tienen que descontar los 37 de dictadura y tres de la república. En esos 40 años no puede decirse que se hubiera hecho periodismo.
Durante la dictadura, la familia Godó, editor del diario, se puso a disposición del franquismo. Incluso el conde de Godó llegó a ostentar algún cargo, más bien honorífico, entre los sátrapas de Franco. Entonces LV era “La Vanguardia Española”. El adjetivo decayó cuando se vio que esto de la transición iba en serio.
Ahora se celebran 145 años, que serían 105 de periodismo y 40 de etapas negras. El conde dice en su nota publicada en el suplemento que “lo que no ha cambiado es el compromiso con la verdad”.
Al parecer nadie le ha explicado que los periodistas no buscamos la verdad, sino ofrecer al lector todos los datos para que comprenda un hecho. Decidir qué es verdad y qué no, corresponde a Dios, caso de que exista, claro.
Cuando un medio celebra un aniversario se suelen explicitar los datos internos del medio para demostrar al lector cómo se hace el medio, quien lo hace y cual es el entorno económico en el que se diseña la estrategia.
En el caso del suplemento de LV no es así. Sí se dice que lo elaboran unos 200 profesionales, pero no se indica cuantos más están trabajando desde empresas o plataformas cercanas. No se reconoce el valor del trabajo ajeno, cuando es indispensable si se quiere ofrecer al lector un diario con unas 48 a 96 páginas.
No se sabe, ni lo dicen, cual es la composición del capital de la empresa editora. Se sabe que es de la familia Godó, pero ignoramos cuantos accionistas tiene la sociedad.
Además, casi se ignora la importancia de los comités de empresa y comités profesionales, sin los cuales no puede hablarse de un medio de comunicación transparente y demócrata.
Tampoco se explica cual es la estrategia de comunicación de LV. Por ejemplo, no se habla de por qué se da tanta importancia a la sección de Economía y tan poco al mundo laboral. La inmensa mayor parte de la sociedad lo forman trabajadores por cuenta ajena. Sus sindicatos tienen miles de cuadros, de profesionales especializados en materia laboral, sindical, sanitaria…etc. Pero LV ha ignorado el mundo laboral.
¿Por qué? Porque este diario está a disposición de la burguesía catalana y española.
LV sirve de ariete para defender la propiedad privada especulativa, para atacar los planes municipales de Ada Colau, para defender el coche en la ciudad, para criticar la política anti-deshaucios, en fin, LV no informa de lo que ocurre en la sociedad, tan solo lo hace de lo que puede agradar a la burguesía.
El suplemento tiene 128 páginas, de las que 60 son páginas enteras de publicidad. Se pueden ver anuncios de CaixaBank, del RACC, de la Fira, de Repsol… en todos ellos se felicita al diario por ese aniversario. Lógicamente no aparece ningún anuncio de los sindicatos, que no tienen nada que agradecer al periódico.
A pesar de nuestras críticas debemos reconocer que en el suplemento aparecen algunas piezas periodísticas de valor, en forma de entrevistas.
En resumen, LA VANGUARDIA ha perdido la ocasión de justificar ante sus lectores su política periodística, las fuentes de su economía y la participación de los periodistas en la toma de decisiones.
MANUEL LÓPEZ
Profesor universitario y periodista.

