PERIODISMO, ENTRE EL REARME Y EL DESARME

Nervio bella pecunia infinita

“El negocio de la guerra es una inagotable cantidad de dinero”. (Cicerón, Filipicas, 5,2,3)

Manuel López, profesor de universidad, periodista

En estos últimos meses los medios de comunicación occidentales dedican un gran espacio y tiempo a hablar del rearme ante el peligro que significa Rusia. Se aduce que EEUU y la UE han de prepararse ante la agresividad rusa en Ucrania. Y el debate, ahora, es qué tanto por ciento del Producto Interior Bruto (PIB) se ha de dedicar para preparar a nuestros ejércitos. Pero no todos están de acuerdo con esto. Muchos creen que no debe haber rearme, porque rebajará la factura de las ayudas sociales.

El dilema está servido: ¿Rearme o desarme?

Muchos medios de comunicación han dejado de contemplar lo que dice la Declaración Universal de los Derechos Humanos:

Artículo 28

Toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente efectivos.

Los códigos éticos de los medios de comunicación siempre se dicen respetuosos con estos principios universales, pero en el momento de establecer su agenda, la cosa cambia.

En estos momentos Europa está discutiendo sobre la exigencia de EEUU de que todos sus componentes han de dedicar el 5% de su PIB al rearme.

¿Cuál es la respuesta de la prensa, radio, tv y buena parte de los medios digitales?: centrar su temática en torno a porcentajes. No en torno a si es necesario incrementar el presupuesto destinado a sus ejércitos, es decir, si es tan necesario el rearme.

Tampoco entran a debatir si las cantidades asignadas están bien empleadas y, especialmente, a quien le conviene que se incremente ese PIB.

En buena lógica, son las industrias militares las principales interesadas en que ese debate acabe con buenas noticias a su favor.

Pero no sólo son las industrias militares, sino las que pueden servir componentes de uso civil para fines bélicos: alimentación, textil, automoción, sanidad, formación…

El periodismo contribuye al rearme, así de sencillo, porque enfoca su temario a discutir cantidades asignadas a la milicia. Y muchas veces lo hace inconscientemente. No conozco a ningún periodista que esté a favor de la guerra… pero lo que escriben y cómo lo escriben redunda en favor del rearme.

Estamos entrando en la era de la propaganda y la manipulación periodística, porque los periodistas se están dejando llevar por el discurso imperante en el mundo occidental: Hay que parar a Rusia. Y nadie duda de que Rusia no es una democracia.

Y ello sin explicar a los lectores y  a las lectoras que las guerras convencionales son, en estos momentos, poco decisivas para resolver conflictos. Es necesario señalar que Rusia, China, EEUU, Pakistán, India, Francia y quizás Israel tienen arsenales nucleares.

Cuando algunos de esos países entren en guerra, si el conflicto les es adverso y sus fronteras violentadas, probablemente empleen el arsenal atómico para defenderse.

Es decir, es inútil adquirir tanques, cohetes, fusiles… porque lo que dilucidará el conflicto serán las bombas atómicas.

Pero, esto, no lo vemos explicado en los medios españoles, sólo se habla de rearme. Nada más existe.

Esa especie de cloroformo informativo se basa en presentar informaciones sesgadas o parciales. A los periodistas se les niega el acceso a fuentes oficiales bajo la premisa de que muchos temas están sujetos al secretismo oficial.

Tampoco pueden acudir a fuentes no oficiales, como los habitantes de los países supuestamente enemigos. Lo vemos en Gaza, donde Israel ha prohibido la actuación de los medios.

La agenda de los medios que están, consciente o inconscientemente, a favor del rearme se va sincronizando. Puede hablarse ya de “frentes mediáticos”, donde los titulares coinciden en defender el rearme. Se establece una estrecha colaboración entre gobiernos y medios en favor del rearme. Y la gran industria propicia ese matrimonio. Es decir, no hay análisis crítico. Como es lógico, siempre encontraremos articulistas pacifistas, críticos con las agendas de sus medios, pero no dejan de ser la gota en el vaso de agua.

Se emplea el sensacionalismo: se ofrecen estadísticas sobre los potenciales enemigos señalando que han incrementado su armamento en tal o cual porcentaje, olvidando el contexto adecuado.

En fin, los medios, quiéranlo o no, justifican el incremento de las partidas militares. Ya sabemos que detrás de algunos medios hay intereses económicos o políticos, pero no todos están afectados por esas influencias. Y, sin embargo, siguen la lógica-ilógica de los medios que sí están en manos de empresarios belicistas.

Se promueve la beligerancia cuando se incrementan los reportajes sobre destacadas unidades militares que están desarrollando ejercicios en el Ártico o en el Sahel. Se quiere demostrar que el dinero dedicado al ejército está bien empleado. Se habla de la concentración de industrias militares como si fuera un adelanto necesario para la sociedad y para la humanidad.

Se habla de fusiones, de OPAS, de compras de empresas y de sus planes inmediatos para fortalecer la industria militar. Y todo ello festejado por los medios que no dudan en aceptar la invitación de sus ejércitos para asistir a las maniobras militares. Y los periodistas se muestran felices cuando se les deja subir a un tanque. Tenemos ejemplos más que evidentes que afectan a los principales medios españoles.

Para justificar el rearme, los medios tienden a demonizar al supuesto enemigo: se señalan, quizás exagerando, ofensivas en las que hay víctimas con mujeres y niños. Esta demonización conlleva a promover la beligerancia de la población.

La desinformación se convierte en un arma de guerra que pocos periodistas pueden combatir en y por sus propios medios.

En la primera guerra del Golfo, contra Irak, en 1991, se publicó un libro, Las mentiras de una guerra ,localizable en Amazón, (Deriva Editorial), que yo coordiné para el editor Àlex Masllorens, un gran pacifista que después fue concejal en el ayuntamiento de Barcelona.

Ese libro tenía la colaboración de diversos autores con nombre y apellidos y de otros autores que firmaron con seudónimo.

Desde el primer momento decidimos que explicaríamos lo que sucedía en las redacciones cuando estalló la guerra. Periodistas de La Vanguardia, El País, El Periódico de Catalunya y Avui, entre otros, denunciaron anonimamente las manipulaciones de y en sus medios, explicando el día a día de la confección de la agenda temática. Y lo hicieron, repetimos, de forma anónima.

En uno de los artículos yo mismo señalé que El Periódico de Catalunya tituló una noticia de esta manera: “Aviones de España ayudan a que las bombas lleguen a Irak (El Periódico, 2 de febrero de 1991). En ese libro que comentamos se señala que el título correcto debía ser “España colabora con los bombardeos de EEUU en Irak”.

Años más tarde uno de los directivos de ese diario mostró su pesar y arrepentimiento por la política informativa del medio en esa guerra. “Nos hemos pasado”, me comentó personalmente uno de los redactores jefe.

HABLEMOS AHORA DEL DESARME

Frente al periodismo de guerra los medios deberían convertirse en defensores del periodismo de paz, más que nada porque la humanidad tiene los días contados si estalla una guerra de grandes dimensiones.

Hablar de periodismo de paz significa entrar a fondo en el debate de si debemos gastar más dinero en el rearme. Incluso diría más, debe debatirse sobre si es necesario invertir un solo euro en una futura guerra, o en mantener nuestros ejércitos activos.

“Si hay rearme, habrá guerra”. Esta frase es mía pero bien la podrían firmar Bertrand Rusell, Jean Paul Sartre o Gandhi, y pido excusas por mi atrevimiento. Pero lo cierto es que al discurso de la guerra debe oponerse el discurso de la paz.

Es una tarea noble trabajar por la paz porque cuando hay guerra no se respetan las leyes (“Silent leges inter arma”, Cicerón, Pro Milone, 4,10). El objetivo de los medios debería ser minar la lógica del conflicto y promover la marcha atrás, la negociación y la amistad entre los pueblos.

No dejaremos de aceptar que ante la agresión de un país contra otro cabe la defensa, pero no la promoción de campañas bélicas pre-conflictos que crean las condiciones para un futuro enfrentamiento.

El periodismo de paz consiste en contrarrestar la narrativa bélica. Es necesario investigar e informar a los lectores y consumidores de los otros medios sobre las causas estructurales de la violencia, dar voz a las víctimas y buscar escenarios para el diálogo y detectar posibles soluciones.

El precio de un tanque Leopard 2A8, por ejemplo: puede alcanzar los 28 millones de euros. Con esa cantidad se podrían hacer 10 escuelas en primaria en España, según el programa de IA Géminis. Claro, dependería del tipo de escuela, del número de alumnos, de las instalaciones, pero nunca superaría los 10 millones de euros.

Y un centro de atención primaria, en España, cuesta entre 2 y 10 millones de euros, es decir: si dejamos de comprar un tanque, podemos equipar con más entidades educativas o sanitarias al pueblo.

Los medios pueden convertirse en protagonistas si promueven encuentros nacionales e internacionales donde se debatan posibles soluciones a los conflictos. Pueden aportar soluciones para la reconciliación, no para la beligerancia.

Un buen comienzo sería organizar en Madrid, Barcelona o Zaragoza un encuentro internacional de periodistas con profesionales de Rusia y Europa. Se trataría de promover la confianza mutua para hablar de entendimiento y negociación.

Los medios no pueden, ni deben, humanizar los conflictos. En la primera guerra del Golfo, en el citado libro sobre Las mentiras de la guerra (localizable en Amazón), se publicaron fotos de soldados americanos tocando la armónica, enseñando fotos de sus familias o asistiendo a oficios religiosos. Es decir, se intentaba crear unos vínculos de familiaridad con los agresores.

Pero eso es propaganda.

Promover el periodismo de paz es analizar las causas del conflicto, las superficiales y las profundas. Sus dinámicas. Todo ello para explorar y proponer salidas no violentas.

Más que hablar de bajas y víctimas, se debe tratar el contexto, las relaciones humanas y lo que puede pasar a largo plazo: un final impredecible, quizás nuclear.

El periodismo de paz nos es útil para contrarrestar la narrativa belicista porque da voz a los defensores del desarme.

Existe, pues, una enorme responsabilidad por parte de los medios de comunicación, porque estos medios no son neutrales, no pueden serlo ante la guerra y la paz. O se está con el rearme, o por el desarme.

Manuel López, profesor de universidad, periodista

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Author: universcat

soy periodista y profesor de universidad. tengo seis libros publicados. me interesa la comunicación periodística y la literatura.

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