SÁNCHEZ, CONTRA LAS UNIVERSIDADES PRIVADAS: ¿QUIÉN GANARÁ?
por Manuel López, profesor jubilado de la UAB y periodista
Los países modernos intentan formar a las futuras generaciones con unos altos niveles de calidad. ¿Cómo formar a las futuras élites?, ¿quien se tiene que encargar?: Las universidades.
El presidente Sánchez dice que, ahora mismo, en España, hay una serie de universidades que no cumplen los mínimos indicios de calidad. Y las ha calificado de “chiringuitos”. Contra esto, el gobierno de Madrid ha decidido impulsar una serie de medidas para garantizar que los centros privados tengan el nivel mínimo exigible para impartir la enseñanza superior universitaria.
Pero, ¿son tan poco de fiar las universidades privadas?
Bien es verdad que tienen algunas ventajas sobre las públicas. Por ejemplo, son más adaptables a los cambios tecnológicos. Sus programas de estudio se pueden renovar con más facilidad y… tienen el apoyo por parte de muchas empresas. También tienen más extenso el nivel de utilización de otras lenguas y podrían tener menos alumnos por clase, dependiendo, claro, de los centros y de las inversiones realizadas por las empresas que tienen detrás.
Porque detrás de los centros universitarios privados, donde no está el Estado, podemos encontrar desde iglesias, fundaciones culturales, hasta fondos de inversión. También empresas que hacen donaciones que, finalmente, pueden tener bonificaciones en la hora de presentar los saldos a hacienda, siempre que haya fundaciones empresariales detrás.
Las privadas también pueden disfrutar de una excelente promoción social porque acaban de llegar, sus campus sus nuevos y suenan a “modernos”, contra la “decrepitud” de las públicas.
Pero las privadas también tienen notas negativas, y muchas. En principio, no son gratuitos. Es verdad que ofrecen becas, pero son selectivas. Recordemos aquí las películas y series americanas donde las familias empiezan a ahorrar cuando los niños y niñas son pequeños por cuando van a la universidad.
Matricularse en una privada puede significar tener que pagar entre 9 y 15.000 euros al año. Aparte, los gastos lógicos de transporte, comida y alojamiento. Esto significa que las familias tienen que gastarse entre 45.000 y 100.000 euros en cuatro años en la educación de los hijos. ¿Quién puede tener acceso a estos niveles de gasto?
Esto convierte en las universidades privadas en centros elitistas. Todavía no ha llegado el momento en que el Estado tenga que pagar parte de esa docencia universitaria, como si se hace a primaria y secundaria, donde los padres pueden llevar a los hijos a un centro concertado. Pero esta es una posibilidad que puede llegar si la derecha llega al poder.
¿Quién nos garantiza que el PP no distribuirá el presupuesto de la educación superior entre los centros públicos y los privados? Si le preguntáramos a Ayuso ya sabríamos la respuesta.
Las privadas presumen de que tienen más acceso a las prácticas empresariales, pero esto está para demostrar. ¿Qué empresa ofrecerá un contrato de prácticas a un estudiante procedente de la privada de un centro donde ha estudiado que no tiene los mínimos rigores académicos?
Pero quizás muchas empresas lo que quieren es esto: estudiantes de prácticas de nivel medio pero con un carácter y espíritu dócil. En cambio, de las universidades públicas salen millas de estudiantes con fuerte carácter, un nivel de autoexigencia fenomenal y aceptando bien poco las dinámicas empresariales piramidales, jerarquizadas y, por eso, sin futuro.
Las privadas presumen, también, de disponer de laboratorios modernos. Está claro que cuando una universidad empieza todo es moderno, limpio y pulcro. Hay que esperar que pasen unos años para ver si tienen capacidad para mantener un nivel de investigación de nivel.
Las privadas no ofrecen tantos estudios como las públicas. Incluso, algunas parecen “academias de piso”, de cuando éramos pequeños y nos tocaba estudiar donde fuera.
Las privadas pueden tener miles de estudiantes, si, pero muchos han sido rechazados por la pública por su bajo nivel. A las pruebas de selectividad se suman las notas del currículum y las del examen. Si el estudiante ha cursado el bachillerato en un centro privado, es muy probable que haya sido beneficiado, obteniendo notas más altas. En los centros privados del bachillerato se paga mucho más que en los públicos. ¿Cómo se tiene que suspender a quién ha estado pagando una fuerte matrícula durante años?
En definitiva, a las universidades privadas, y “xiringuitos” universitarios no se entra por las notas que obtenga el estudiante. Nadie le negará la matriculación a nadie mientras pague.
A guisa de anécdota, un catedrático de una universidad privada, de la iglesia, me comentó hace años que algunos estudiantes exigían notas más altas en los exámenes aduciendo que por eso pagaban matrículas tan altas- son unos “pijos” me dijo el compañero.
Ahora, como decíamos antes, el Estado quiere regular la creación y existencia de las universidades privadas. Se les exigirá tener un mínimo de estudiantes -4.500-; tendrán el Parlamento como garantía de su nivel, es decir, no será el Gobierno quien decida. Y las privadas tienen que ofrecer 10 títulos oficiales de grado, 6 másteres y 3 programas de investigación.
Además, el 5% de su presupuesto tiene que ser para investigación.
Finalmente hay que indicar que la medida propuesta por el Gobierno llega tarde. En España hay 50 universidades públicas y 46 de privadas. Desde 1998 no se ha creado ninguna pública.
Pero el colofón de este debate es que en las universidades públicas el profesorado entra por oposición, mientras que a las privadas se puede contratar al primero que llegue.
